PARADERO DESCONOCIDO

Llevar a la vida la teoría del iceberg de Hemingway.
Lo más importante es lo que no se dice.
(Ricardo Piglia, Prisión perpetua)

En más de una ocasión ante el avance de la cultura visual he podido escuchar preguntas sobre el paradero de la pintura en el complejo territorio del arte actual. Más allá de las plañideras de la modernidad que la siguen llorando en los mejores museos del mundo, a la pintura, a esa que es gesto y lenguaje, creo que no hay que buscarla mucho. Como decía aproximadamente el título de una pieza de Txomin Badiola, nada de lo que verdaderamente busques estará allí donde lo estás buscando. Por eso, la pintura aparece de manera fortuita, y como en uno de los cuadros de Teun Hocks, después de haber llegado al límite del acantilado, son muchos los pintores que han desandado el camino, cargados con un lienzo a la espalda, pero conscientes de que en ese camino tendrán nuevos acompañantes (fotógrafos, videoartistas, operarios en red, performers...etc) con los que poder charlar sobre lo verdaderamente interesante, la vida, pues “el arte sigue siendo aquello que hace la vida más interesante que el arte”1 . O no será.
Ante la avalancha de imágenes que consumimos a diario, el pintor ha tenido que reinventar sus tácticas. Frente al frenesí, el sosiego. Sobre los altavoces, el silencio. Junto al movimiento, la quietud. Creo que cada manifestación artística por la coalición espacio temporal que le ha tocado vivir y construir, traza un entramado de relaciones con otras producciones de sentido, formando a través de ese rizomático territorio (a la manera deleuziana) la imagen del mundo que en el futuro otros podrán conocer. Los defensores de la cultura visual, como Mirzoeff 2, siguen pensando que la vida moderna tiene lugar en la pantalla del televisor. Los que nacimos a finales de los setenta, cuando los New York Dolls cantaban aquello de “Personality Crisis”, hemos sabido encender la tele, hacer zapping, pero también dejarnos llevar por aquello sobre lo que la pintura actual nos interroga. Al fin y al cabo, yo en el arte sólo busco preguntas. El que espere respuestas, que se vaya buscando a otro que le quiera regalar el oído.
Por eso cuando alguien ha preguntado sobre el paradero de la pintura, he tenido que recurrir a la obra de Jacinto Lara. Una obra que se ha desarrollado de manera centrífuga sobre su propio devenir como artista a la par que iba extralimitándose de las fronteras del marco, para deslindar en territorios a medio camino entre la escultura o la instalación, extralimitaciones y desbordamientos que dejaban claro que a Jacinto Lara sólo le importa escribir, pues como decía Spanbauer, ¿qué es un ser humano sin una historia?.
Y su historia es esa que nos ha ido dejando en cada uno de sus cuadros. Una historia hecha de viajes y experiencia, que confirma mi teoría sobre la falacia de aquellos que piensan en el artista como un ermitaño que no sale de su estudio nada más que para comprar disolventes y pigmentos. Jacinto ha ajustado cuentas con sus Mitos y fantasmas. Ha cuestionado la desaparición de los héroes. Ha movido ficha en El gran Juego. Y por último nos ha estado invitando a cruzar al otro lado. Del espejo y del cuadro, a acurrucarnos a la placentera sombra de la memoria, para que los recuerdos como en un teatro de marionetas oriental salgan a danzar. Eso sí, siempre sobre el alambre, pues como yo sabe que el verdadero artista tiene cuerpo y mente de funambulista. Por más que te sepas todas las acrobacias, por más que hayas ensayado flic-flacs y corvetas, a la maroma hay que amansarla. O en cualquier momento darás de bruces con la realidad.
A la sombra de la memoria es el título escogido por Jacinto Lara para presentar parte de sus últimas producciones artísticas, una producción que se serializa en tres grupos íntimamente relacionados, los Koans, los Haikus y las Puertas a ninguna parte y que disciplinariamente podemos enmarcar en pintura, escultura y obra gráfica. Eso sí, teniendo en cuenta que cada obra cobra sentido en sí misma, pero que como todo proyecto expositivo que surja y se produzca como tal, se potencia y enriquece por el trasvase de fluios visuales entre unas y otras, por el intercambio de sentidos, por esa relacionalidad que desde hace una décadas se ha convertido en el verdadero síntoma de las producciones artísticas contemporáneas.
En las imágenes pintadas, Jacinto vuelve a jugar con los dictados de los pintores de corrientes como Support-Surface, con conceptos y engaños como los de figura fondo, teniendo siempre en cuenta que sus formas son infinitas porque justamente anuncian un final, pero nunca lo apresan.
Heredando el cubo de Malevitch (penúltimo testamento de la pintura moderna) y llevándole flores en la forma de texturas y gamas cromáticas que esconden que en la cohabitación y conflicto de contrarios existe la lógica del universo (como pintara el Monje Shengai en la relación e intersección de un cuadrado, un triángulo y un círculo, emblema que Jacinto Lara ha incorporado en uno de sus Haikus).
Y desde esta lógica de contrarios, de esto binomios en conflicto (gesto-geometría, figura-fondo, pulsión-reflexión, bidimensionalidad-tridimensionalidad, Oriente-Occidente...) es desde las atalayas sobre las que mejor podemos asomarnos a la pintura de Jacinto Lara. A cuestionarnos el paradero a que nos llevaran sus puertas a ninguna parte. A comprender el sentido de ese infinitesimal Haiku Fractal. A iluminar el camino que nos lleve a responder a uno de esos Koans que tanto le gusta repetir a Jacinto. “ Mira algún objeto, entonces retira lentamente la vista de él y, a continuación, retira lentamente tu pensamiento de él. Entonces” (Vigyan Bhairava, unos 4000 a.c). Escalofríos sigo teniendo cada vez que lo leo. Pero como esto es un juego de intercambios, me decido a lanzarle otro:
Un discípulo le dijo a Joshu:
-Maestro, enfrentado al desastre, ¿qué haces para evitarlo?
Joshu abrió los brazos, inspiró profundamente y dijo con una amplia sonrisa:
-Esto es lo que hay.

Creo que ya encontré el final para esta historia. Esto es lo que hay.

JESÚS ALCAIDE
1 Robert Filliou.
2 Mirzoeff, Nicholas. Introducción a la cultura visual. Piados, Barcelona, 2003.