Galería José Pedraza
Febrero de 1999

 

ELEMENTAL

(Obertura y cuatro movimientos)

Ángel Luis Pérez Villen

 
No son muy habituales las ocasiones en que una galería privada propone una exposición colectiva de varios artistas con un argumento aglutinador que cabalgue sobre las diferencias, obvias por otra parte, de las obras. Por esta razón Cuatro Elementos no es una exposición convencional, máxime si tenemos en cuenta que los artistas que la integran  - Juanjo Caro, Joaquín Castaño, José María García Parody y Jacinto Lara -  no se han limitado a contar con las obras que tenían en su estudio, sino que han trabajado exprofeso para la muestra, realizando pinturas y esculturas sobre la temática propuesta. Pero además se da el caso de que los artistas en cuestión son amigos, lo cual añade un grado de complicidad al asunto, que se corona con la que el público libremente pueda aportar en la recepción del título de la exposición.
 
En la filosofía griega presocrática la naturaleza, el mundo material, es objeto de análisis y especulación, llegándose a la conclusión -fue Empédocles quien logró reunir las aportaciones anteriores-  de que todas las cosas existentes tienen su origen en los cuatro elementos (aire, agua, tierra y fuego), bien sea por separado o en conjunción. Estos elementos han servido tanto para favorecer la discusión acerca de la constitución de la materia, como para celebrar los ritos primigenios de las culturas clásicas  del  Mediterráneo  y  del  Oriente  Próximo.  Como consecuencia de todo ello la iconografía derivada de los cuatro elementos es ingente, dando lugar a innumerables imágenes y comentarios en las cosmogonías tradicionales, revistiéndose de nuevos significados con motivo de las adherencias producidas por las  asimilaciones  que  de  ellos  realizan  las  religiones occidentales y nutriendo las reelaboraciones aportadas por la literatura emblemática.
 
Sin embargo Cuatro Elementos no se plantea como una exposición que pretenda reseñar la evolución del tratamiento dado por la historia del arte a la formulación presocrática del origen de la naturaleza, ya que no es más que el pretexto para hacer coincidir en el espacio y en el tiempo la acción creativa de cuatro artistas que se ponen de acuerdo sobre el tema a trabajar. Quizás por esto la exposición nos sirva también para calibrar la conveniencia y la actualidad de los géneros en la creación actual, aunque tampoco podríamos hablar de pintura o escultura de género a la vista de lo expuesto. En realidad nunca lo ha sido, ya que resulta imposible tramar la categoría genérica con la ilustración o la apropiación ideológica que del mundo material han realizado los artistas de todos los tiempos. Sería más exacto hablar de la rentabilidad plástica que genera una proposición tan atemporal como ésta, de la oportunidad de un método que en lugar de pautas baliza el mapa sentimental del compromiso.
 
El pacto de caballeros al que han llegado nuestros cuatro artistas no es otro que el de la absoluta libertad a la hora de enfrentarse por separado a los cuatro elementos. Cada cual que aguante su vela allá por donde se adentre, que cada uno respete los afectos, contingencias y carencias de sus compañeros de viaje, que cada cual sepa distinguir lo que hay de tierra en la ceniza que cae al suelo cuando el fuego deja de borbotear como el agua en el corazón suspendido por el aire de un rastrojo, que todos aquilaten el nervio del odio que hace saltar en pedazos la ilusión de la vida, que se arracimen en torno al amor que todo lo sana, restañando las heridas del espíritu e imponiendo un orden nuevo bajo el agua, sobre las nubes, en el vientre matriz del territorio o en el hogar imperecedero.
 
Ascendente. Elemento masculino por excelencia, el aire es un principio activo que se mueve entre las fisuras de las cosas, quizás por eso Anaxímenes de Mileto lo creía principio y esencia de todas las cosas, quizás también por la misma razón fluya entre los planos en suspensión de la pintura de Jacinto Lara y dé sentido a todas las acepciones que contienen sus objetos. Pero la acción del aire se deja notar de manera más prosaica sobre los objetos de uso cotidiano, ya sea dándole utilidad a esos ingenios que pretenden vestir al viento (Joaquín Castaño), timbrar el correo para que vuelen las palabras y servir como fluido en una transmisión mecánica (García Parody), protagonizar la música o simular el conocimiento (Juanjo Caro).
 
Fluyente. Origen incontestable de la vida  -aquí acertó Tales de Mileto al afirmar como principio de todas las cosas- el agua es elemento indispensable en muchos ritos iniciáticos, ya que limpia de impurezas el espíritu, lo regenera y fortalece, siendo para algunos psicoanalistas imagen del inconsciente y símbolo de la receptividad femenina. En el agua se balancean nuestros paraísos perdidos  - la niñez - y en ella, como en la pintura, confiamos para ritualizar el deseo (García Parody), de ella nos nutrimos como savia incandescente, dándonos forma e implementando nuestros instintos (Joaquín Castaño), empujándonos a la predación y dosificándonos (Juanjo Caro). El agua fluye y se acomoda a las situaciones del contexto, habita lo informe y da cuerpo al canon, comparte espacios, solapa planos, enhebra el tiempo y acrisola colores. Justo igual que la pintura de Jacinto Lara.
 
Sedante. Femenina por antonomasia, la tierra es la matriz, el vientre ancestral de las civilizaciones, la fecunda madre de todas las culturas. Es por tanto receptiva a todo, se abre al universo polimorfo de las variables orogénicas, compone planos quebrados y vaguadas curvas, encrespa riscos y ondula dolinas, serpentea y encabalga estratos y acoge sedimentos de todo tipo. El Manifiesto Comunista, como la madre tierra, nos mide a todos por igual, con el mismo rasero. El tiempo, como la madre tierra, no se frena en distinciones y categorías, pues todo sucumbe a su paso. El azar, como la madre tierra, no se pliega a la necesidad. Todo es relativo, no sólo por necesidad, sino más bien por generosidad e incluso interés natural. Nadie es imprescindible, nada se sostiene por sí solo/a. Así el mapa termina siendo el territorio, donde todos vivimos en un perpetuo acontecer que difumina los límites de la acción.
 
Vibrante. Principio masculino. Nobleza y lealtad al cambio, el fuego es purificación. Mensajero de los dioses y él mismo objeto de culto, elemento sacrificial por excelencia y expresión del deseo y la pasión amatoria. Rojo encendido donde crepita la ventana al abismo del ser que se espejea entre las llamas (Jacinto Lara), vástago enhiesto que prende el amor en las entrañas de los cuerpos (Joaquín Castaño), que inflama las alas de la música y aprisiona la norma escrita (García Parody), que ceba el odio y fermenta la violencia (Juanjo Caro). Fuego que todo lo consume y todo lo eleva, fuego que amilana al cobarde e incentiva al arrojo, fuego que desasosiega al paciente y que seda la sangre, fuego que en el rescoldo de la vida nos prepara para la muerte.
 
 
 

32/Cuadernos del Sur
Diario Córdoba.
Jueves,4 de marzo de 1999

 

Un universo en equilibrio

        

Jesus Alcaide

 
            Aire, Fuego, Tierra y Agua. Principios generadores de todo ser. Juanjo Caro, Joa­quín Castaño, J. María García Parody y Jacinto Lara. Principios generadores y motores creativos de la exposición inaugurada el pasado día 20 de febrero en la galería José Pedraza de Montilla, que podremos visitar hasta el próximo día 27 de marzo.
 
La mayoría de nosotros estamos acostum­brados a visitar exposiciones colectivas en las que los artistas que allí exponen suelen presentar cada uno su propia visión del tema a tratar, y más que una reflexión coherente, que no pretendamos que sea igual que homogénea, lo que se impone a nuestra mirada es una visión de mercadillo, de obje­tos desconexos y mal colocados en las paredes de una galería que se suelen justificar desde fuera, con redes y arneses, andamios y palabras. Por todo esto y mucho más es de agradecer una exposición como esta, pro­ducto de una puesta en común y de unas afinidades casi imperceptibles a la hora de tratar los temas que traslucen tras la obras, que dotan a la exposición de una unidad, equilibrio y afinidad apenas visible, pero mucho más efectiva que párrafos con los que muchos de nosotros pretendemos dar coherencia a lo que no es más que un cajón de sastre a medio abrir.
 
Comenzando ya a tratar lo allí expuesto tendríamos que comenzar por las obras de Juanjo Caro que plantea su visión del tema desde dos perspectivas distintas pero en una misma dirección, dos autopistas que no se encuentran pero que discurren paralelas, a bordo de un gastado coche con las venta­nillas abiertas, dándote el viento en la cara, la tierra en los ojos, la lluvia en el pelo y el fuego en las manos, hasta conformar una obra coherente que habla a los sentidos y a la razón. En las pinturas de Juanjo Caro los campos de color que dividen el lienzo dialogan con los referentes figurativos que se plasman sobre el y se equilibran con las aportaciones matéricas que le otorgan a sus obras una rotundidad y un equilibrio inusi­tado. Por la otra autopista de creación de este artista cordobés discurrían sus poemas objeto herederos de una mente brossiana, y un sentido del humor cabaretero y dadaísta que conecta con las obras del artista al que haremos referencia a continuación.
 
José María García Parody también trabaja en esta muestra con la herencia del mago catalán y plantea una colección de cuatro objetos en los que montañas, carreteras y ríos discurren por el interior de un tiesto, o bien es una boya (no se pierdan el título de la obra) la que aparece flotando en un mar de pintura en marejada.
 
Pero los objetos también toman el papel y en su rebelión nos dejamos mecer al com­pás de las obras en un barquito de papel, dejando que el tiempo corra en silencio, con­toneándonos tras la cintura de un encendido Jim Morrison y dejando que sus canciones nos lleven al séptimo cielo, si es que todavía podemos volar.
 
Jacinto Lara presenta para esta muestra cuatro lienzos preñados de la fuerza del color que sólo él sabe otorgar a estos hijos secretos de Rothko, y de geometrías en sus­pensión que remontan el tiempo, hasta encontrarse en la oscuridad de una caverna, o el espacio, para penetrar en el silenció de un monasterio budista en una arriesgada cabriola circense.
 
Pero al igual que Caro, la fuerza de las palabras, se traslada a los objetos, envol­viendo unas probetas que aunque no están llenas de agua tierra o aire, ya Duchamp hizo de vendedor de «Aire de París», sí que aparecen recorridas por todas aquellas acepciones que los diccionarios, léase el María Moliner, dan acerca de estos cuatro elemen­tos, principios rectores del universo.
 
Por último, Joaquin Castaño presenta una serie de 12 lienzos, que se agrupan en tres series y que vienen a confirmar la calidad de este pintor del cual queremos tener mas noticias y que para esta muestra presenta una colección de pequeños paisajes pictóricos, empastados por la materia y esgrafia­dos con pequeños referentes figurativos, que componen un universo en orden, de cuatro elementos en diálogo, guiados por la veleta de los vientos hacia una carretera a ninguna parte, con el viento a favor y todo un reguero de cerillas por prender.


La infinita fuente de la Plástica en Jacinto Lara.
Porfirio García Romano.

«En la Hora que el ceibo recibe manso y bondadoso el sueño de las golondrinas,
una gaviota, dando abrazos al aire, esparce al infinito su pecho blanco bajo la enorme nube negra,
mientras la lluvia se acerca-con gotas como pasos-,
borrando muelle, acuarela, horizonte.Yo con el pincel en la mano, la espero».  
Alvaro Rivas.
 
            Jacinto Lara con el pincel en la mano, la espera.
   
            Captura la descripción de la imagen, como atrapando a la gaviota y la despluma, dejando desnudo, en este poema como ventana sus elementos de síntesis, hasta enseñar el óseo esqueleto con que dibuja el arco iris.
 
Jacinto Lara tiene en sus manos un lugar de salida y distribución de imágenes con lenguaje único que podríamos particularizar de numerosas fuentes:
Una fuente geométrica abstracto basada en el empleo directo de elementos plásticos concretos como superficies, líneas, espacios, juego de llenos y vacíos, coqueteo y albur de figuras sobre fondo y sobre todo, color.
 
El color sobre la superficie mostrado en su propia manifestación. El color que forma parte del poema. El color del ceibo. El de la pluma de la golondrina, sin gaviota y tal vez sin nube.
El color está en sus cuadros. Este color que forma parte de lo viviente, del objeto, de las cosas, pero sin aludir ni imitar, un color puesto a la par de otro para conversar, para platicar. Relacionándose: superpuesto, contrapuesto, yuxtapuesto con la línea, con el plano, con el espacio, dentro del campo de acción de la imaginación creativa espiritual provocado o nó, inspirada o nó por los poemas de Alvaro Rivas.
 
El color en Jacinto Lara, en estos paisajes de Casa, donde de repente caen Icaros de cabeza, en estos collages sobre poemas, es el agua de una fuente que vive en el cuadro en la pureza de un gesto espontáneo, separado del contorno de las cosas vistas, viviendo su propia realidad para producir relaciones de tensiones análogas al acorde musical.
 
Pero aliada con la infinita fuente del color está el uso de la técnica, la técnica adecuada, exacta para lograr este objetivo de la expresión de un contenido tan solo por el color. Y esta técnica, esta fuente, la predominante en Lara  es, el «Papier collés».
 
Jacinto para sus propósitos hace uso del principio elemental del collage, el papel pegado, para poder mediante la combinación abstracta de color sin forma lograr la interacción, y relación por sí sola de un color con otro, igual que lo hiciera en 1912 su descubridor Georges Braque, el compañero de Picasso.
 
Pero esto no queda ahí, en su dominio técnico y conceptual del arte de nuestra época, Jacinto Lara para poner en juego, en su juego fríamente calculado, de hacer del color el contenido del cuadro, utiliza además del papier collés, el Ready-made una de la infinitas fuentes de Marcel Duchany.
 
Sin ningún tipo de construcción previa o en todo caso mínima utiliza objetos de consumo prefabricados o realizados industrialmente como fotografías de revistas para introducir el objeto banal como material artístico, regresando al fenómeno del ilusionismo a través del contenido de las fotos de estas revistas:
Niños bañándose, hombres de pantalón amarillo que caminan, la estereotipada imagen del hombre pisando la luna etc., para crear una relación consciente de una imagen figurativa hacia una realidad objetual abstracta.
 
Estos fotomontajes, collages a partir de fotografías y de fragmentos impresos rasgados o cortados son manejados por Jacinto Lara como punto focal o en degradaciones de punto focal dentro de la composición con líneas, y colores puros o planos, con singular maestría.
 
Su método a pesar de la dificultad resuelta en su obra para aliar en una misma pieza abstracto y figuración, surge en parte del rechazo de la forma estructural organizada hacia cierto gestualismo espontáneo del proceso de creación artística a partir de la imaginación.
 
Jacinto Lara en su búsqueda hacia las infinitas fuentes de la plástica rompe por su uso todos los límites y normas de categorías estilísticas integrando en este caso su acción pictórica al útil material de la poesía de Alvaro Rivas.
 
El pintor Español cordobés, JACINTO LARA, que ya visita Nicaragua por segunda vez (el verano pasado organizó un curso de Grabado para los Jóvenes de Granada y, este año, está trabajando en la creación de Vitrales), y ha expuesto veinte de sus obras (Collages y Grabados «PARA ALVARO RIVAS») en la Galería de la Casa de los Tres Mundos en los Robles, el día viernes 26 de agosto de 1994.