Categoría: Pintura
Serie 13. Juego de niños
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Serie 13. Juego de niños. Collage y óleo. 45x30 cm -
Serie 13. Juego de niños. Collage y óleo. 45x30 cm -
Serie 13. Juego de niños. Collage y óleo. 45x30 cm -
Serie 13. Juego de niños. Collage y óleo. 45x30 cm -
Serie 13. Juego de niños. Collage y óleo. 45x30 cm -
Serie 13. Juego de niños. Collage y óleo. Díptico 45x60cm
Otras series
Serie 12. Lavanderas
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Serie 12. El Chorrillo 01. 65x50cm. Monotipos 2011 -
Serie 12. El Chorrillo 02. 65x50cm. Monotipos 2011 -
Serie 12. El Chorrillo 03. 65x50cm. Monotipos 2011 -
Serie 12. El Chorrillo 04. 65x50cm. Monotipos 2011 -
Serie 12. En el amarillo. 100x100cm. Mixta, 2010/2011 -
Serie 12. En el azul. 100x100cm. Mixta, 2010/2011 -
Serie 12. En el blanco. 100x100cm. Mixta, 2010/2011 -
Serie 12. En el negro. 100x100cm. Mixta, 2010/2011 -
Serie 12. En el rojo. 100x100cm. Mixta, 2010/2011
Otras series
Serie 11. Anidarse
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Serie 11. Anidarse 001. 33,5x26,6 cm. Art-paper, Agosto/Septiembre 2011 -
Serie 11. Anidarse 002. 33,5x26,6 cm. Art-paper, Agosto/Septiembre 2011 -
Serie 11. Anidarse 003. 33,5x26,6 cm. Art-paper, Agosto/Septiembre 2011 -
Serie 11. Anidarse 004. 33,5x26,6 cm. Art-paper, Agosto/Septiembre 2011 -
Serie 11. Anidarse 005. 33,5x26,6 cm. Art-paper, Agosto/Septiembre 2011 -
Serie 11. Anidarse 006. 33,5x26,6 cm. Art-paper, Agosto/Septiembre 2011 -
Serie 11. Anidarse 007. 33,5x26,6 cm. Art-paper, Agosto/Septiembre 2011 -
Serie 11. Anidarse 008. 33,5x26,6 cm. Art-paper, Agosto/Septiembre 2011 -
Serie 11. Anidarse 009. 33,5x26,6 cm. Art-paper, Agosto/Septiembre 2011 -
Serie 11. Anidarse 010. 70x30 cm. Art-paper, Agosto/Septiembre 2011 -
Serie 11. Anidarse 011. 70x30 cm. Art-paper, Agosto/Septiembre 2011 -
Serie 11. Anidarse 012. 70x30 cm. Art-paper, Agosto/Septiembre 2011 -
Serie 11. Anidarse 013. 70x30 cm. Art-paper, Agosto/Septiembre 2011
Escrito sobre la obra
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LARA’S Vs. LARA’S
LARA’S Vs. LARA’S
Lo que es de Lara “hacia” lo que es de Lara
“Nos oponemos,
no estamos en contra”
Y estamos mediatizados. Hemos acostumbrado el uso de la palabra versus a un significado que deforma su origen latino. La palabra, con el sentido de confrontación, fue tomada de la jurisprudencia inglesa e introducida y difundida en el castellano por periodistas deportivos.
Versus es el participio del verbo vertere (girar, dar vueltas, volver). El significado real de su origen latino es “hacia a”, “ir hacia”. Así, entendido en su sentido primigenio, indica hacia dónde nos dirigimos, hacia dónde nos desplazamos.
Con este título, Jacinto Lara y Javier Lara pretenden invitarnos a reflexionar, con ellos, ante las denominadas 16 Asas que exponen en Estudio NUR Comunicación.
Se trata de dos formas de hacer aparentemente distantes y bien diferenciadas. Y ello no sólo debido a la trayectoria que separa a ambos autores; mientras que, por un lado, Jacinto Lara cuenta con un amplio bagaje y acervo estilístico consolidado a lo largo de años de experiencia y reconocimiento, por el otro, Javier Lara apenas comienza su andadura en terrenos artísticos; sino también, en lo que concierne a los diversos lenguajes empleados en la factura de las ocho obras que presenta cada uno de ellos.
De su obra expuesta, lo que ha sido de Javier Lara es fotografía. Si bien fotografía entendida como crisol o espacio de interacciones reflexivas entre diferentes tipos de imagen y concepciones de estilo, no dejaban de ser, conceptualmente, fotografías. Por otra parte, fotografías digitales, las que integran las series de sus “Ecos y Ausencias”1.
No obstante, si en aquella muestra -y ello a pesar de las pretensiones de Javier- las interacciones sólo se planteaban a nivel formal y discursivo, ahora el propósito es más ambicioso. En la serie “Versus”, las 8 Asas que firma en esta exposición, semejantes interrelaciones tienen implicación con la pintura y el mismo soporte fotográfico.
Y cambiando de Lara, La obra de Jacinto Lara se ha caracterizado, en el transcurso de su concepción, desarrollo y madurez sobre todo, por no dejar de avanzar en lo que respecta a la experimentación de las más diversas técnicas y de soportes. Pintura, obra gráfica y escultura concebidas en su extensión más contemporánea, deudoras de la reivindicación más plástica y amanuense a un tiempo, y en consonancia con un discurso cada vez más desnudo y directo, sin ambages.
Así, sus 8 Asas son el resultado de una reducción todavía mayor de lo que podría considerarse como superfluo o añadido, de lo que a menudo nos distrae la atención del objeto más crudo, constituyéndose entonces a la manera de una destilación expresiva, de simplificación desnuda en extremo. Y en efecto, de revelar o hacer surgir lo contenido u oculto se trata.
Estas obras de art-paper, pertenecientes a la serie “Anidarse”, se encuentran determinadas bajo el mismo prisma de juego que designa el término latino “versus”, y que reivindican los autores de la muestra.
En palabras de Jacinto:
“Anidarse es regresarse,
no caminar hacia atrás,
ni mirarse el ombligo,
es recomponer la mirada
sobre las ramas que un día
configuraron el nido”.
Las relaciones establecidas entre lo que está, lo que se deja entrever y lo que se superpone sobre el papel manipulado, por lo tanto, tienen que ver más con el significado originario del término, “ir hacia”, que con la deformación, operada en el seno de la jurisprudencia inglesa, en el sentido de “confrontación”.
Esas direcciones encontradas, conjugadas durante el proceso de la creación del papel, se conforman pictóricamente sin haber sido pintadas. Es decir, lo que bien pudiera parecer en una primera impresión, pintura y color sobre papel, sencillamente no lo es. No es pintura, es papel tan sólo. Únicamente papel manipulado en los albores de su concepción como tal.
No obstante, Jacinto Lara no se detiene ahí con su propuesta. Si lo que parece pintura en realidad no lo es, también encontramos en la mismas obras, por otra parte, la negación de esta sentencia: pintura impresa sobre papel. La impresión de unas franjas rojas sobrepuestas al mismo papel. Obra total y en extremo en definitiva, soporte concebido como obra en origen y como soporte al mismo tiempo. De donde esa apariencia afirmativa y negadora en sí misma, en un mismo objeto, se nutre el discurso referido por su nombre: “Anidar-se”.
Y decíamos de los Lara, aparentemente distantes y bien diferenciados. Apariencia tan sólo, puesto que las direcciones de ida y vuelta, que señalan tanto los surcos2 de sus obras como el título de la muestra, conforman un universo referencial en el que entran en contacto sus miradas y sus propuestas.
Espacio referencial que comparten expresamente con la exposición “Lara’s Vs. Lara’s”, universo3 entendido como el punto donde todo se une y gira, donde todo es uno y todo lo que lo rodea: “Lo que es de Lara hacia lo que es de Lara.”
1 “Partiendo de la base significativa que se establece entre los conceptos que titulan la exposición – Ecos y Ausencias-, teniendo en cuenta los elementos que los diferencian, así como los que los acercan, nuestro trabajo ha consistido en realizar una investigación conducente a presentar lo estrictamente fotográfico (lo radical o real, en fotografía), junto a lo que se traduce como pura forma (la imago, gestalt o lo que concierne al registro imaginario), de tal manera que aquellos tres registros se involucren y nos susciten un juego revelador, que nos permita en definitiva ver más allá del mero motivo o pretexto que recoja la obra en su consideración aislada, para encontrar su sentido en relación a la serie que las acoge.”
Del texto sobre la exposición “Ecos y Ausencias”, del 2 al 10 de abril de 2011, en la Casa de la Cultura de Cabra.
2 En latín, “versus” tiene múltiples sentidos como adverbio, preposición, forma verbal o nombre. En este último caso, significa primero “surco y después “línea”, “fila” y “verso”. Al final de cada surco es preciso “girar, “volver” como al final de cada “onda métrica”, sea rimada, blanca, suelta, etc.
3 Del latín universus (unus: uno, y versus: girado o convertido), universo significa el punto donde todo se une y gira.
Otras series
Serie 10. La sombra del color
Escritos sobre la obra
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Un texto sin excusas
Un texto sin excusas
Proyecto expositivo a realizar en dos sedes: Galería Arte 21 en Córdoba, octubre/noviembre 2007. Museo de Vázquez Díaz en Nerva, 2007.
“Aquello que es del dominio de la imagen es irreductible por la razón y debe permanecer en la imagen sopena de aniquilarse. Hay, no obstante, una razón en las imágenes; hay imágenes más claras en el mundo de la vitalidad imaginada.
En el bullicio inmediato de la mente hay una inserción multiforme y brillante de bestias. Esa polvareda insensible y pensante se ordena según leyes que saca de su propio interior, al margen de la razón clara y de la conciencia o razón traspasada”.
Antonin Artaud. Carta a la vidente.
Las piezas a exponer son pinturas sobre lienzo y esculturas de hierro realizadas durante los años 2005 a 2007. La denominación de la muestra, La sombra del color, surge de una idea central: la sombra en el Sur es negra, oscura, tenebrosa y, sin embargo y al tiempo, es la única manera de sobrevivir ante un sol intenso y una luz profunda, y es en su regazo donde reflexionamos sobre nuestras supervivencias. Es, por tanto, un ámbito de meditación existencial.
Como proyecto expositivo nace después de las diez o quince primeras obras, cuando comienza a perfilarse una visión clara de conjunto, cuando aflora el verdadero trabajo: hacer que las piezas —léase ya una serie crítica de ellas— tengan una continuidad narrativa al tiempo que una evidente unidad conceptual, que encajen, se relacionen y crezcan, que sean parte significativa y conformadora de un lenguaje plástico emergente, que afloren con la suficiente claridad como para ser contempladas con nitidez.
Exponer es exponerse, por lo que hago míos aquellos versos de Antonio Machado donde éste maestro del claroscuro existencial nos aclara:
“y al cabo nada os debo
debéisme cuanto he escrito”
Camino con plena conciencia de que un proyecto expositivo es algo más que una serie de obras colocadas unas junto a otras; tal vez por ello trato de que el código se muestre lo mas explícito y completo posible y de que sean cada uno de los espacios los que determinen en qué forma aquellas, las obras, han de ser mostradas. Las piezas, la mirada que suscitan, nada tienen que ver con una descripción del concepto de ventana. Al contrario, son ámbitos de infinitud que crecen al amparo de formas geométricas más o menos definidas, espacios plásticos que surgen de una trama superpuesta de sucesivas capas que hacen que el cuadro incite a ser tocado, palpado. La manera de trabajar en diversos estratos ayuda y permite, al contemplar la obra en su totalidad, en la superposición, percibir ese otro lado oculto, casi invisible, del trabajo integral de la pintura. Me interesa sobre todo ver cómo la obra crece, se desarrolla y se muestra, cómo se va desvelando su interioridad. Me interesa tanto el proceso plástico como el propio ensamblaje del conjunto, sin que ello vaya en detrimento de la individualidad de cada obra. Cada una de las piezas de este proyecto lleva en sí misma la voluntad de transmitir la idea del otro lado o, cuando menos y en el mejor de los casos, la intención de sugerirlo o señalarlo. Conceptualmente hablando, el proyecto está basado en la idea de puertas que conducen a ninguna parte —puertas como metáfora del otro lado, del lado de lo otro, de los otros— ámbitos que compartimentalizan, solapan y ocultan, que dejan traslucir selectivamente, controlando el flujo, la transición, de un cosmos a otro, de un país hacia otro, de un ser humano a su semejante o divergente. Desde el punto de vista de la reflexión existencial, la globalización contemporánea debería erradicar precisamente esa compartimentalización, los seres humanos en este proceso deberíamos ser capaces de contemplar umbrales y no puertas, abrir el paso en lugar de cerrarlo, ampliar nuestras conciencias en vez de reducirlas. En la campiña andaluza la mirada se pierde en un mar de dunas en calma, ora verde, ora ocre y —con una mirada primordial, aunque no tan antigua— de un negro físico e intenso tras la quema de los rastrojos. Continua y cadente, a esa mirada activa y cultivada no la ciegan puertas, nada la achica, se engrandece con la contemplación, pero el ser humano siempre acaba poniéndole medidas, vallas, tapias y alambradas puertas que al fin y al cabo, desde el punto de vista de la creación plástica o de la experiencia meramente visual, sugieren e incluso nos señalan la incomunicación, una forma de ver el mundo a través del color negro: negro de noche, negro de guerra y contaminación, de viña y humo, negro, al fin, del olvido más allá de lo materialmente negro. Aunque también se trate de esa extensa escala de tonos intermedios sólo susceptible de ser generada mediante una paleta restringida a un solo color, o a dos a lo sumo. Las pinturas están realizadas con pigmentos y resinas acrílicas sobre lienzo, en capas sucesivas que dejan ver a través de la acumulación de estratos, de las sucesivas epidermis, lo amanuense del ejercicio de la pintura, lo táctil, los incesantes y recurrentes roces que conforman su materialidad, algunos de ellos contorneados en ángulos de hierro. Las esculturas están realizadas con hierro forjado unas, y las otras aplicando técnicas de corte con láser sobre planchas de acero al carbono, resultando una suerte de altorrelieves de pared que abundan e insisten en la sugerencia del otro lado, de otros ámbitos y espacios que no son, en principio, evidentes, ni tan siquiera visibles. Adjunto algunas imágenes de las obras que conforman este proyecto con la intención de que sirvan para ejemplificar de qué se trata, aunque soy muy consciente de que la reproducción de una obra pictórica o escultórica nunca dejará de ser la representación de una representación, el eco de una huella, ya que ambos lenguajes están concebidos para ser vistos en su corporeidad y exhalar sus cualidades o defectos sin necesidad de ser descritos ni traducidos a algún otro lenguaje.
Jacinto LaraCórdoba, junio de 2007
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Las puertas de la memoria
Las puertas de la memoria
“ En el fondo del azul está el amarillo,”“
”“ y en el fondo del amarillo, el negro,”“
”“ el negro que se levanta y mira, que”“
”“ no podemos derribar como se”“
”“ derriba a un hombre”“
”“con puñetazos. ”
Guillevic.
Si bien la crítica del arte intenta siempre justificarse con datos elegidos por su máxima objetividad (historia del arte, componentes económicos y sociales, avatares políticos fechados y documentados, variabilidad de la incidencia de la moda en los distintos grupos generacionales, irrupción de nuevas tecnologías, etc.), muchas veces se arriesga a manejar argumentos de dudosa fiabilidad que le llevan a tomar posiciones difícilmente defendibles ante la incredulidad del profano. De ahí su progresivo alejamiento de la ciencia psicoanalítica, cuya deriva introspectiva ha llevado a más de uno a empantanarse en teorías que utilizan la subjetividad como principal argumento. Es difícil negar a Jacques Lacan una cierta prestancia de mago cuando afirma que en cualquier cuadro pintado se esconde el objeto invisible del deseo de su autor (1), pero precisamente porque con este maestro del psicoanálisis -o con el filósofo Michel Foucault (2)- sabemos que las palabras son siempre traicioneras de la realidad, su teoría nos parece demasiada hermosa para ser totalmente cierta.
Y sin embargo, ¿cómo podemos ignorar las incidencias de la vida personal del autor en la creación artística cuando se mira un cuadro o se lee un poema? ¿Acaso la latitud del lugar donde vive o los traumas sufridos en su infancia son sólo anécdotas comparados con los datos de su formación académica? Nicolas Bourriaud hace bien en recalcar que el mundo de los valores empieza mucho antes que la exposición e incluso mucho antes que el objeto creado: Es imposible pintar o escribir sin introducir en la práctica de estas artes la sombra del cuerno de un toro, como dice Michel Leiris en su pequeño ensayo De la literatura entendida como una tauromaquia. La vida cotidiana del autor constituye un dato de primera magnitud tan poco desdeñable como, para el matador de toros, la bestia a su salida del toril. Para que una obra pueda escaparse en parte a su condición de objeto y llegar a ser algo más que un mero elemento decorativo, ésta debe implicar toda la existencia de su autor (3), aunque la mayoría de las veces la experiencia resulte muy dolorosa.
Cuando Jacinto Lara nos dice que el título de su proyecto, La sombra del color, viene dado por la idea de que la sombra en el Sur es negra, oscura, tenebrosa, y que sin embargo, a su par es la única manera de sobrevivir ante un sol y una luz profunda y en su regazo se reflexiona sobre la manera de sobrevivir, debemos entender que intenta situarse con esta confidencia en un terreno mucho más subjetivo que objetivo y que, por tanto, su obra debe contemplarse no sólo en función de sus valores plásticos, sino también en función de las cornadas que ha recibido lidiando su vida de artista. Y si algunos cuadros de este proyecto llevan como título Puerta, es porque detrás de su pintura está el umbral que debemos franquear para pasar desde el conocimiento de algunas de sus experiencias vividas a la plena comprensión de su obra. Podría tratarse de una extensión de la función de apertura teorizada por Alberti, pero no al servicio de una ficción perspectiva como antaño, sino para colocarse en tanto que puertas únicamente en el dominio de la representación pura (el color hecho puerta) y del concepto (elementos de su vida que encontramos al franquear esta puerta del color).
Jano (puerta, en latín, y también barbacana) es el dios romano del comienzo, de las puertas, de las entradas y de los pasajes. Su representación en las artes lleva dos caras que miran en dirección opuesta: cuida de las dos dimensiones del tiempo, del pasado y del futuro, y también de los dos espacios que se comunican mediante la puerta (4). Representar puertas es sinónimo de proyección, tanto en el pasado como en el futuro y, como mediación entre el espacio interior y el exterior, en el psicoanálisis evoca la necesidad del ser de vivir fuera de las madrigueras del subconsciente. Encerrados en el ser, siempre tenemos la tentación de salir de él, pero apenas salidos siempre nos precipitamos a encerrarnos de nuevo en él (5). Los recuerdos y los sueños, he ahí la puerta por donde el ser puede salir de sí mismo y volver inmediatamente a él como por magia. Y franquear esta puerta, para Jacinto, siempre significa volver a la casa de su abuelo que cuidó de él cuando era niño, allá en el profundo sur de la península donde el sol del verano no conoce mejor reino.
Cuenta Jacinto: Mi abuelo vivía en el campo. Era una casa grande, un cortijo, pero hacíamos principalmente la vida en la primera habitación por la que se pasaba al venir del patio. Era una habitación multiuso, espaciosa, cocina y sala de estar a la vez, con una gran chimenea para cocinar y calentarse. Su peculiaridad más llamativa era que nunca se cerraba la puerta de la entrada, de día como de noche, invierno como verano. Del exterior nos venía la luz, pero también la puerta abierta nos permitía advertir quién se aproximaba desde lo más lejano del patio para visitarnos. Toda esta confesión oral está plasmada en su pintura, y mirar cada uno de sus cuadros es ver en una especie de geometría soñada cómo Jacinto evoca la casa de su abuelo, la casa donde vuelve a sus sueños y a la eternidad del pasado. Y si esta habitación con su puerta abierta es la metáfora de su ser, de su yo más profundo, del que entra y sale franqueando la puerta de sus sueños, también su pintura es el depósito secreto de los recuerdos de su infancia, aún vivos o ya olvidados.
Hans Carossa, citado por Bachelard (6), subraya que el hombre es la única criatura de la tierra con voluntad de mirar dentro del otro. La voluntad de mirar en el interior de las cosas hace que la vista se agudice. Descubrimos las hendiduras más finas, los orificios minúsculos que nos permiten robar el secreto de las cosas escondidas. Y a esto añade Bachelard: “a partir de esta voluntad de mirar dentro de las cosas, de ver lo que no se ve, lo que no debemos ver, se forman extraños sueños tensos”, sueños que no solamente son de Jacinto y moran en sus cuadros, sino que son sus propios cuadros los que a su vez nos hacen soñar: más allá del panorama tranquilo, la voluntad de mirar se junta con una imaginación inventiva que prevé una perspectiva escondida, una perspectiva de las tinieblas interiores de la materia (7). Ahora bien, si lo que otorga tanto valor a las imágenes materiales de la sustancia es esta voluntad de mirar dentro de cualquier cosa, en el caso de Jacinto, las imágenes son sus pinturas y la sustancia sus recuerdos.
La evocación de esta perspectiva escondida a propósito de los cuadros de Jacinto encuentra una excelente traducción metafórica con las obras elaboradas en hierro calibrado (Haiku-puerta oculta; Haiku-puerta rota; Haiku-puerta carro; Haiku-puerta chica; Haiku-puerta ocaso) o en acero al carbono (Haiku-puerta negra; Haiku-puerta cerca; Haiku-puerta lejos). Con esta suerte de relieves o esculturas de pared vemos proyectadas unas falsas perspectivas o, mejor dicho, incoherentes, a pesar de dar un aire de exactitud geométrica, que recuerdan la proyección en la pared de unas sombras de estructuras metálicas dotadas de tres dimensiones. Está claro que con estas obras de tipo formalista, Jacinto juega a oponer la razón que caracteriza la invención de la perspectiva con el espíritu arcaico propio de la Edad Media al que proclama vencedor, puesto que esta pretendida razón yerra siempre en su cálculo de las proporciones perspectivas. Las puertas así construidas se abren sobre el oscuro mundo de los sentimientos donde cualquier conocimiento de la intimidad de las cosas se traduce inmediatamente con un poema.
Mirando sus cuadros al acrílico, es fácil imaginarnos el contraste de luz y sombra que aún pervive en el recuerdo de sus años mozos pasados en la casa de su abuelo. La pintura es el umbral no sólo donde se libra la batalla dialéctica entre la sombra del corazón de la casa y la luz del patio, también es el lugar donde los frágiles recuerdos peligran ante la oscura extensión del olvido. Puede que Jacinto tenga razón cuando afirma que la sombra en el sur es la única manera de sobrevivir ante un sol y una luz profunda, pero tanto una luz cegadora como la oscuridad más densa anulan el color en nuestros ojos y hacen que se vuelvan vanas las intenciones de la pintura. En esta ambivalencia de la luz y de la sombra se basan los cuadros pintados por Jacinto, sobre todo en la de la sombra, con esta omnipresencia del color negro que simbólicamente niega la pintura a la vez que la rescata, en todas sus variantes y en todos sus matices, como materialización del recuerdo ante las amenazas del olvido significado por el mismo color negro. El color negro, según Michel Leiris, lejos de ser el del vacío y de la nada, es más bien la tinta activa que hace resaltar la sustancia profunda y, por tanto, oscura de todas las cosas. Bachelard expresa esta reflexión de otra manera. Dice así: el interior tiene tan evidentes funciones de tinieblas que debemos dar igual importancia a la revelación (mise à jour) como a la ocultación (mise à la nuit) para clasificar los sueños de intimidad (8).
En algunos cuadros de esta lucha de la luz con la sombra, la primera se disfraza con la presencia de un color que destella como una aguda nota musical surgida del fondo de la noche: azul en Puerta oriente, Traspuerta, Antepuerta, Puerta espera, Contrapuerta; amarillo en Puerta levante; matices de rojo en Puerta chica, Puerta cardenal y Puerta negra. En otros cuadros, el contraste se obtiene con una delicada intromisión de grises en el componente negro de la obra, simulando una especie de rayo luminoso filtrado por una puerta entreabierta (Puerta plata, Puerta alta, Puerta huida). En cualquier caso, excepto en obras como Contrapuerta, donde el color azul comparte el primer papel con el negro, o Puerta blanca que, lo indica su título, es un cuadro blanco, predomina ampliamente el color negro, o mejor, esa sombra del color que es el negro en los cuadros de Jacinto.
Esta manera de atribuir al color negro un valor de sombra es interesante porque nos permite conectar el proyecto pictórico de Jacinto con el mito de la invención de la pintura atribuida a la hija del alfarero Butades de Sición, en Corinto. Según Plinio, enamorada de un joven que iba a dejar la ciudad, ésta tuvo la idea de fijar con líneas los contornos del perfil de su amante sobre la pared a la luz de una vela. Así pues, la primera función de la representación basada en la sombra es la de imagen para el recuerdo, es decir, para hacer presente lo ausente. El salto posible de la sombra bajo el sol a la sombra de la noche nos lo da Victor I. Stoichita en su estudio de la relación de la sombra con el tiempo: una sombra bajo el sol es la señal de un momento preciso y sólo de éste; la sombra nocturna, en cambio, escapa al orden natural del tiempo, y paraliza el flujo del devenir (9). Por tanto, en las pinturas de Jacinto, el color de la noche, el negro, que en este caso es la sombra del color, es el color de los recuerdos desvanecidos que escapan del orden natural del tiempo. Como el perfil dibujado del amante, la sombra del color hace alusión a la imagen utópica de substitución de los recuerdos del pasado, de lo que fue y que nunca volverá a ser: la infancia.
Pero, con sus cuadros de la sombra del color, Jacinto consigue realizar esta reflexión sobre el abandono del orden natural del tiempo por partida doble, pues no hay nada que traduzca mejor que cualquier obra pintada esta idea de paralización del tiempo, de un estado final cortado del flujo del devenir: el cuadro es una tumba, y más aún cuando esta tumba ha sido pintada casi en su totalidad con matices de negro, en la que el artista ha ido sepultando, capa tras capa, segundo tras segundo, la parte de su vida que se corresponde exactamente con el tiempo invertido en la elaboración de la obra. Esto debe recordarse muy bien a la hora de admirar la fina textura que consiguió dar a su sombra del color, elaborando una especie de transparencia oscura que otorga al negro una profundidad que parece hacernos retroceder hasta el principio de los tiempos. Comentando Las ninfeas de Monet, Ghéon, citado por Victor I. Stoichita, dice lo siguiente: aquí no hay pintura: es el agua misma, lo que en ella se refleja, y una emoción ante el agua (10). Esto también se podría decir de los cuadros de Jacinto, sustituyendo agua por sombra, por ese velo de la noche extendido sobre los múltiples conceptos del tiempo pasado que encierra su pintura, sin olvidar la emoción, cosa inevitable, y, por cierto, un tanto desgastada por las veces que se utiliza cuando no se tienen recursos más originales para analizar los cuadros.
Hablando de la emoción que nos comunican, también sería peligroso relacionar estas pinturas de la sombra con una mística propia de esa estrella que tanto deslumbra en la noche de la poesía española: San Juan de la Cruz. Sin embargo, cualquier evocación de la profundidad del negro se presta con mucha facilidad a la trascendencia de los efectos pictóricos que la han hecho posible. Por algo será que tradicionalmente la sombra proyectada tiene el inestimable valor de ser un sustituto del alma. Además del trabajo de superposición de capas coloreadas bajo las cuales nace el misterio, también llama la atención la manera de juntarse los distintos matices de negro y los colores con franjas difusas, fronteras que son tierras de nadie y que parecen hendiduras de continentes en la primera fase de su deriva, como en Puerta ausencia, Tras puerta, Antepuerta, Puerta cardenal, Puerta cerrada, Puerta huida, Puerta trasmano o en Puerta espera. En su Miroir de la tauromachie, Michel Leiris nos explica que igual que Dios -coincidencia de los contrarios, según Nicolas de Cusa (es decir: encrucijada, intersección de trazos, bifurcaciones de trayectorias, placa giratoria o terreno baldío donde se junta cualquier gente)- ha podido ser patafisicamente definido como punto tangencial del cero y del infinito, entre los innumerables hechos que constituyen nuestro universo, existen unas suertes de nudos o puntos críticos que podríamos representar geométricamente como lugares donde uno se siente tangencial con el mundo o con sí mismo (11).
De igual manera que la realidad se halla a medio camino entre la sombra y el sol (Platón), en estas franjas, en estas yuxtaposiciones de colores y matices de negro es donde se juntan tangencialmente el cero y el infinito de sus recuerdos. Si sabes poner fuera lo que está dentro y dentro lo que está fuera, dice un alquimista, entonces eres el maestro de la obra.
Michel Hubert LépicouchéParís, julio de 2007
Notas.
(1) Jacques Lacan, Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, col. Points essais, Les Editions du Seuil, París, 1990.
(2) Michel Foucault, Les mots et les choses, Bibliothèque des sciences humaines, Les Editions Gallimard, París, 1983.
(3) Nicolas Bourriaud, Formes de vie: L´art moderne el l´invention de soi, Les Editions Denoël, París, 1999. Págs. 120 y 121.
(4) Gérard Monnier, La porte, instrument et symbole, Les Editions Alternatives, París, 2004. Pág. 11.
(5) Gaston Bachelard, La poétique de l´espace, Presse universitaire de France, París, 1994. Págs. 29 y 193.
(6) Gaston Bachelard, La terre et les rêveries du repos, Librairie José Corti, París, 1992. Págs. 7 y 8.
(7) Gaston Bachelard, La terre et les rêveries du repos, ibid, pág. 8.
(8) Citado por Gaston Bachelard, La terre et les rêveries du repos, ibid, pág. 27.
(9) Victor I. Stoichita, Breve historia de la sombra, Ediciones Siruela, Madrid, 1999. Pág. 24.
(10) Victor I. Stoichita, op. Cit., pág. 113.
(11) Michel Leiris, Miroir de la tauromachie, Fata Morgana, 1981. Pág. 25.
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DIARIO CÓRDOBA. “El mundo cruje y grita, y el artista es un cronista de lo que sucede”
DIARIO CÓRDOBA. “El mundo cruje y grita, y el artista es un cronista de lo que sucede”
Jueves, 25 de octubre del 2007
ESPECTÁCULOS / CULTURA. ENTREVISTA
“El mundo cruje y grita, y el artista es un cronista de lo que sucede”
Jacinto Lara: ARTISTA
NACIMIENTO » FERNÁN NÚÑEZ (CÓRDOBA), 1953
TRAYECTORIA » SU PRIMERA EXPOSICIÓN COLECTIVA FUE EN 1975 EN CÓRDOBA. DESDE HOY, Y HASTA EL 24 DE NOVIEMBRE, ENSEÑA SUS OBRAS DE MANERA INDIVIDUAL EN LA GALERÍA ARTE 21 BAJO EL TÍTULO 'LA SOMBRA DEL COLOR'.
JULIA GARCÍA HIGUERAS
CÓRDOBA
-Arte 21 inaugura esta tarde su muestra, 'La sombra del color". ¿En qué consiste?
-De esta serie se exponen nueve pinturas acrílicas sobre lino y siete relieves de hierro calibrado y otros, de chapa de acero cortada por láser. La exposición La sombra del color muestra una serie, Puerta, con la idea de que cualquier cosa de la época en que vivimos tiene que estar acotada, cerrada, con un límite. Yo soy de Fernán Núñez, de la Campiña. La Campiña es como un mar interminable y cuando empezamos a ponerle puertas... Son recuerdos de la gente mayor que decía: "¡Bah, otra alambrada!". Es compartimentarlo todo y no somos capaces de comunicarnos ni con el vecino de enfrente.
-Para usted las vivencias de niño y los recuerdos de sus abuelos están muy presentes, ¿no?
-Michelle Hubert considera que todas las referencias que podamos tener son luego representaciones o expresiones de lo que queremos decir. Me considero un apatrida en el buen sentido, me interesa el mundo, aunque en cada espacio en el que me desarrollo durante un tiempo, y eso ha pasado con esta exposición, trato de magnificar algún recuerdo con el que yo podría convencerte de algo. Desde esa premisa trabajo.
-¿Y los relieves? ¿Siguen esa tónica?
-Sí, lo que pasa es cuando manejamos conceptos un poco abstractos es otra manera de jugar con eso porque son unos relieves que tienen muy poca separación de la pared y las sombras que proyectan son casi tan importantes como la propia obra. A nivel formal, son perspectivas, figuras imposibles.
-¿Cómo ve su evolución como artista desde que empezó en 1975?
-Ha evolucionado la representación, pero no el concepto. Yo hacía pintura de una opresión tremenda, era el miedo hacia todo lo que me rodeaba, ten en cuenta la época. Y muy figurativa, de alguna manera surrealista de Magritte. La idea es la misma; ha evolucionado el modo. Me interesa el arte actual y todas las técnicas, pero quiero seguir siendo un artista amanuense.
-¿A qué aspira esta exposición?
-El artista que trabaja diariamente es para mostrar lo que hace y para que su discurso sea leído. Para mí hacer un cuadro no es nada si no hay una lectura activa, que diga cosas manejando mis conceptos plásticos. Mi deseo es que los próximos cuadros, en lugar de negros, puedan ser azules o amarillos porque esto haya dado un salto para algún lado porque en el mundo matemos menos, robemos menos. Tenemos una vida cómoda, pero el mundo está ahí todo el día y cruje y grita. El artista es un cronista de lo que sucede.
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CUADERNOS DEL SUR / DIARIO CÓRDOBA. "Negro sobre negro"
CUADERNOS DEL SUR / DIARIO CÓRDOBA. "Negro sobre negro"
Jueves, 1 de noviembre del 2007
Arte. PINTURA
Negro sobre negro
Óscar Fernández
Aunque parezca lo contrario, la modernidad es silencio. Silencio del signo y silencio del intérprete. La modernidad es callada; su ferocidad obliga. El silencio de Buda, de Panikkar; el silencio de Hofrnannstahl en su famosa Carta de Lord Chandes; el silencio de la poesía en Theodor Adorno y Paul Celan, etcétera. Todos ellos nos revelan el drama profundo de nuestro tiempo: la imposibilidad del relato. O, lo que es lo mismo, el abismo existente entre la pura vida y el discurso. El orden de las palabras que heredamos ya no sirve.
Lo cierto es que, pese a que he empleado el término drama para describirla, esta situación no es negativa. El drama adorniano, como la crueldad en Artaud, representan en mi opinión lo mismo que este silencio tan de nuestro momento: una posibilidad de respuesta más, casi la única. Porque lo trascendental de este paradigma es que el silencio también significa. Así lo defiende una y otra es Norbert Wiener, padre de la cibernética. Los ceros del sistema digital -compuesto por la combinación de polos positivos y negativos; esto es, unos y ceros- portan la misma cantidad de información que los unos. Asombroso, el vacío posee el mismo valor comunicativo que lo lleno. El cero, decía ana greguería de Gómez de la Serna, es el huevo del que salen el resto de los números.
OCCIDENTE Y ORIENTE
En esta tesitura, como en otras tantas cosas, Occidente ha empezado a desenvolverse con comodidad cuando ha escuchado a Oriente. Y de esto es consciente, como pocos. Jacinto Lara. Por eso su búsqueda lleva tiempo oscilando entre ambos extremos del mundo y por eso sus silencios son cada vez más elocuentes. Lara es, si se me permite la frivolidad, una especie de maestro pagano formado en los saberes del otro. Por eso nada de esto resulta inédito o improcedente en su trabajo.
La lógica anticartesiana, basada en la negación del sistema de referencias euclideano dominante en el occidente moderno, aparece desde siempre en su obra. Pero no filtrada por intelectuales europeos mestizos, que se apropiaron de ella para engendrar fórmulas híbridas como la deconstrucción, sino recibida directamente de su fuente oriental. Esto explica que sus fantásticas esculturas de pared, en su compleja estructura, encierren una infinidad de posibles soluciones; tan validas todas, como ninguna. Y esto también nos ayuda a entender cómo sus pinturas-puertas viran cada vez más a una oscuridad que, contrariamente a la tradición occidental, no es muerte sino vida, no es incomunicación sino introspección.
Jacinto Lara sintoniza el gesto, la reflexión, la experiencia y la memoria en una pasta densa, cada vez más vibrante, y la lanza al extraño como una carga de profundidad. Su maestría para hacer cohabitar lo diferente condensa todos estos ingredientes en una sustancia espesa que, contemplada sin prisa, posee un poder de penetración en el espectador asombroso. La forma, tan problemática para otros artistas, es manejada por Lara a su antojo. Y la emplea como frontera que se abre, no a otras realidades -en el sentido de ventana al mundo albertiano- sino a otros lugares que, como decía Aristóteles, están más allá de la física.
'La sombra del color'.
Autor: Jacinto Lara.
Lugar: Galería Arte 21.
Fecha: hasta el 24 de noviembre.
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ZOCO / DIARIO CÓRDOBA. LA ALARGADA SOMBRA
ZOCO / DIARIO CÓRDOBA. LA ALARGADA SOMBRA
Domingo, 4 de noviembre del 2007
La exposición de la semana
LA ALARGADA SOMBRA
TEXTO: PABLO RABASCO
TÍTULO: LAS PUERTAS DE LA MEMORIA
AUTOR: JACINTO LARA
LUGAR: GALERÍA ARTE 21 (C/ MANUEL MARÍADEARJONA, 4)
FECHAS: DEL 25 OCTUBRE AL 24 NOVIEMBRE
Las sombras se alargan, y desde una geometría ya incomprensible se cristalizan en acero, seco y duro, que proyecta nuevas sombras con extrañas formas. Las sombras se retuercen, y se caen como abandonadas en la materia de unos cuadros más referenciales ahora. El punto clave de la exposición de Jacinto Lara se encontraría aquí, en las puertas de la memoria que permite el paso entre lo formal y lo potencial, el extraño lugar desde donde todo lo vemos. Así, nos vale aquí con entender que esas puertas serán siempre potenciadoras de pensamiento y lugar de paso.
La obra de este polifacético artista nacido en Fernán Núñez en 1953, que viene trabajando los últimos años con la Galería Arte 21, se presenta desde la sencillez, desde el objeto imaginado y desde las sugerencias que atrapa. Es necesario conocer la trayectoria de Lara para poder acomodar su obra, pero especialmente sus esculturas, las fuentes, los habitáculos, las jaulas, y la simplificación de estos conceptos en los haikus, en las puertas de la memoria.
En este camino se detiene la exposición, donde se van desplegando en diferentes materiales y por lo tanto desde distintas problemáticas la representación o creación de ese espacio mágico, desde donde el tiempo y la obra parten. Se trata de una serie de ejercicios que parten de una geometría siempre reinventada, que se vuelve ausente, sin puntos de referencia claros. Una geometría forzada desde una idea, un giro extraño que es el tema, el contexto elegido.
Las obras van surgiendo en virtud de los diferentes materiales, encontrándose con ellos en esas sombras proyectadas, siempre negras, siempre azules. Y van desde el acero al carbono, con unas calidades de matices siempre interesantes cuando como hace Jacinto Lara, se permite un recorrido del vacío sobre la materia, ausente del contexto geométrico, como en Haiku puerta cerca. La sombra del color, o Haiku puerta lejos. Otras veces permite que la silueta y la línea sostengan la forma definitiva, en un minimal conceptual, orgánico.
También trabaja con resinas en obras como Puerta Espejo, Puerta Oriente donde el color parte desde el negro, y parece que en representación de él. Entonces plantea la problemática desde los elementos más matizados, desde los ritmos internos que la propia obra describe.
Otras series
Serie 9. A la sombra de la memoria
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Serie 9. Antes delante I. 80x80 cm. Resina acrílica y pigmentos, 2004. -
Serie 9. Antes delante II. 80x60 cm. Resina acrílica y pigmentos, 2004. -
Serie 9. Antes delante II. 80x60 cm. Resina acrílica y pigmentos, 2004. -
Serie 9. Puertas a ninguna parte I. 70x50 cm. Acrílico sobre papel, 2004. -
Serie 9. Puertas a ninguna parte II. 70x50 cm. Acrílico sobre papel, 2004. -
Serie 9. Puertas a ninguna parte III. 70x50 cm. Acrílico sobre papel, 2004.
Escrito sobre esta obra
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PARADERO DESCONOCIDO
PARADERO DESCONOCIDO
Llevar a la vida la teoría del iceberg de Hemingway.
Lo más importante es lo que no se dice.
(Ricardo Piglia, Prisión perpetua)
En más de una ocasión ante el avance de la cultura visual he podido escuchar preguntas sobre el paradero de la pintura en el complejo territorio del arte actual. Más allá de las plañideras de la modernidad que la siguen llorando en los mejores museos del mundo, a la pintura, a esa que es gesto y lenguaje, creo que no hay que buscarla mucho. Como decía aproximadamente el título de una pieza de Txomin Badiola, nada de lo que verdaderamente busques estará allí donde lo estás buscando. Por eso, la pintura aparece de manera fortuita, y como en uno de los cuadros de Teun Hocks, después de haber llegado al límite del acantilado, son muchos los pintores que han desandado el camino, cargados con un lienzo a la espalda, pero conscientes de que en ese camino tendrán nuevos acompañantes (fotógrafos, videoartistas, operarios en red, performers...etc) con los que poder charlar sobre lo verdaderamente interesante, la vida, pues “el arte sigue siendo aquello que hace la vida más interesante que el arte”1 . O no será.
Ante la avalancha de imágenes que consumimos a diario, el pintor ha tenido que reinventar sus tácticas. Frente al frenesí, el sosiego. Sobre los altavoces, el silencio. Junto al movimiento, la quietud. Creo que cada manifestación artística por la coalición espacio temporal que le ha tocado vivir y construir, traza un entramado de relaciones con otras producciones de sentido, formando a través de ese rizomático territorio (a la manera deleuziana) la imagen del mundo que en el futuro otros podrán conocer. Los defensores de la cultura visual, como Mirzoeff 2, siguen pensando que la vida moderna tiene lugar en la pantalla del televisor. Los que nacimos a finales de los setenta, cuando los New York Dolls cantaban aquello de “Personality Crisis”, hemos sabido encender la tele, hacer zapping, pero también dejarnos llevar por aquello sobre lo que la pintura actual nos interroga. Al fin y al cabo, yo en el arte sólo busco preguntas. El que espere respuestas, que se vaya buscando a otro que le quiera regalar el oído.
Por eso cuando alguien ha preguntado sobre el paradero de la pintura, he tenido que recurrir a la obra de Jacinto Lara. Una obra que se ha desarrollado de manera centrífuga sobre su propio devenir como artista a la par que iba extralimitándose de las fronteras del marco, para deslindar en territorios a medio camino entre la escultura o la instalación, extralimitaciones y desbordamientos que dejaban claro que a Jacinto Lara sólo le importa escribir, pues como decía Spanbauer, ¿qué es un ser humano sin una historia?.
Y su historia es esa que nos ha ido dejando en cada uno de sus cuadros. Una historia hecha de viajes y experiencia, que confirma mi teoría sobre la falacia de aquellos que piensan en el artista como un ermitaño que no sale de su estudio nada más que para comprar disolventes y pigmentos. Jacinto ha ajustado cuentas con sus Mitos y fantasmas. Ha cuestionado la desaparición de los héroes. Ha movido ficha en El gran Juego. Y por último nos ha estado invitando a cruzar al otro lado. Del espejo y del cuadro, a acurrucarnos a la placentera sombra de la memoria, para que los recuerdos como en un teatro de marionetas oriental salgan a danzar. Eso sí, siempre sobre el alambre, pues como yo sabe que el verdadero artista tiene cuerpo y mente de funambulista. Por más que te sepas todas las acrobacias, por más que hayas ensayado flic-flacs y corvetas, a la maroma hay que amansarla. O en cualquier momento darás de bruces con la realidad.
A la sombra de la memoria es el título escogido por Jacinto Lara para presentar parte de sus últimas producciones artísticas, una producción que se serializa en tres grupos íntimamente relacionados, los Koans, los Haikus y las Puertas a ninguna parte y que disciplinariamente podemos enmarcar en pintura, escultura y obra gráfica. Eso sí, teniendo en cuenta que cada obra cobra sentido en sí misma, pero que como todo proyecto expositivo que surja y se produzca como tal, se potencia y enriquece por el trasvase de fluios visuales entre unas y otras, por el intercambio de sentidos, por esa relacionalidad que desde hace una décadas se ha convertido en el verdadero síntoma de las producciones artísticas contemporáneas.
En las imágenes pintadas, Jacinto vuelve a jugar con los dictados de los pintores de corrientes como Support-Surface, con conceptos y engaños como los de figura fondo, teniendo siempre en cuenta que sus formas son infinitas porque justamente anuncian un final, pero nunca lo apresan.
Heredando el cubo de Malevitch (penúltimo testamento de la pintura moderna) y llevándole flores en la forma de texturas y gamas cromáticas que esconden que en la cohabitación y conflicto de contrarios existe la lógica del universo (como pintara el Monje Shengai en la relación e intersección de un cuadrado, un triángulo y un círculo, emblema que Jacinto Lara ha incorporado en uno de sus Haikus).
Y desde esta lógica de contrarios, de esto binomios en conflicto (gesto-geometría, figura-fondo, pulsión-reflexión, bidimensionalidad-tridimensionalidad, Oriente-Occidente...) es desde las atalayas sobre las que mejor podemos asomarnos a la pintura de Jacinto Lara. A cuestionarnos el paradero a que nos llevaran sus puertas a ninguna parte. A comprender el sentido de ese infinitesimal Haiku Fractal. A iluminar el camino que nos lleve a responder a uno de esos Koans que tanto le gusta repetir a Jacinto. “ Mira algún objeto, entonces retira lentamente la vista de él y, a continuación, retira lentamente tu pensamiento de él. Entonces” (Vigyan Bhairava, unos 4000 a.c). Escalofríos sigo teniendo cada vez que lo leo. Pero como esto es un juego de intercambios, me decido a lanzarle otro:
Un discípulo le dijo a Joshu:
-Maestro, enfrentado al desastre, ¿qué haces para evitarlo?
Joshu abrió los brazos, inspiró profundamente y dijo con una amplia sonrisa:
-Esto es lo que hay.
Creo que ya encontré el final para esta historia. Esto es lo que hay.
JESÚS ALCAIDE
1 Robert Filliou.
2 Mirzoeff, Nicholas. Introducción a la cultura visual. Piados, Barcelona, 2003.
Otras series
Serie 8. El otro lado
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Serie 8. Haiuku azul. Dos piezas de 130x70 cm. cada una. Resina acrílica y pigmentos, 2002. -
Serie 8. Haiuku negro. Dos piezas de 130x70 cm. cada una. Resina acrílica y pigmentos, 2002. -
Serie 8. Haiuku duna. Dos piezas de 130x70 cm. cada una. Resina acrílica y pigmentos, 2002. -
Serie 8. Haiuku rojo. Dos piezas de 130x70 cm. cada una. Resina acrílica y pigmentos, 2002. -
Serie 8. Haiuku verde. Dos piezas de 130x70 cm. cada una. Resina acrílica y pigmentos, 2002.
Escritos sobre esta serie
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El otro Lado de Jacinto Lara
El otro Lado de Jacinto Lara
“Todo lo que es incomprensible no por ello deja de ser”
(Blaise Pascal)
De entre la pluralidad de perspectivas transculturales que nos lanza la industria de producción artística, Jacinto Lara ha optado por la vía más efectiva, a la vez que utópica. Aquella que, como Fredric Jameson, defiende lo cultural en tanto “vehículo o medio por el cual se negocia la relación entre los grupos” pero que se proyecta como materialización de una experiencia individual.
De este modo, la producción de Lara funciona, en tanto administrador de esa parcialidad de lo subjetivo, como remedio indoloro para estigmas de lo multicultural como el sectarismo y el ahínco reivindicativo de la producción artística, mal llamada, “de las minorías”. Así como para huir de lo que Remo Bodei califica como la “terquedad de quedar fijados a una identidad propia, entendida de manera fetichista”, es decir, de esa sustancia estereotípica que impregna la visión idealizada que una cultura tiene de sí misma.
Frente a estas posturas desintegradoras a cuya sombra emerge un infinito archipiélago de islas incomunicadas, de colectivos voluntariamente desplazados, Jacinto Lara apuesta por una experiencia estética y vital de articulación y circulación. En ella, los pensamientos y experiencias aprendidos de las culturas orientales y mesoamericanas ni son reducidos a un antiséptico esencialismo, ni sometidos a jerarquizaciones neo-colonialistas. Su obra funciona, más bien, como territorio de articulación que alumbra lo inapropiado de concebir como entidades antagónicas aquellos elementos con los que trabaja.
La articulación, en su pintura, se remonta casi al origen biológico del concepto, a la exigencia de establecer mecanismos relacionales, flexibles, que anulen las dicotomías tradicionalmente asignadas a los bloques de lo gestual y lo geométrico como lenguajes polarizados de la expresión plástica. La flexión de estos bloques despunta ya en la elección del formato (díptico) del soporte, a través de la que se genera una suerte de unidad fragmentaria que sirve como campo de batalla para un proceso plástico que aspira a este mismo objetivo: quebrar las atalayas, desdibujar las fronteras entre cuerpos aparentemente irreconciliables.
Como consecuencia de ello la dualidad del soporte se trasvasa a la composición. De este modo, sobre gradaciones de un registro cromático dominante en cada obra, Jacinto Lara articula una pintura que subraya su propia componibilidad, que se construye sobre la ordenación de formas autónomas: figuras geométricas y campos de color, a las que, puntualmente, se superponen huellas de un trazo gestual, menos acotado.
Estas figuras geométricas, vinculadas con las formas imposibles realizadas por Escher y a las que el artista ha recurrido a lo largo de su trayectoria reciente, incorporándolas en pinturas como “Tribar”(1996), adquieren en las esculturas de pared que ahora presenta un protagonismo exclusivo. En ellas el espectro referencial que se pone en juego se implementa, además, con una deriva hacia posturas cercanas al post-minimal que convergen en el poso común de la filosofía Zen.
De nuevo el principio de articulación sobreviene en forma de esculturas que nacen de una síntesis transfronteriza de pensamiento. Obras capaces de construir lo escultórico a partir de la ausencia de profundidad física y simbólica pero que amplifican intensamente su condición de estructuras paradójicas. Formas imposibles, en definitiva; trazos que, como los “Kôans” de los maestros zen, eluden lo unívoco albergando simultáneamente su afirmación y su negación.
Finalmente, los “Haikus” son el más significativo corolario de estas intuiciones vertidas sobre la obra reciente de Jacinto Lara. En ellos la estrategia aditiva de composición roza el procedimiento de la parataxis, la explicitación del carácter independiente de cada uno de los elementos, que refuerza un sentido del volumen como construcción, cercano además a lo arquitectónico, con el que se ratifica la continuada inclinación del artista hacia la convergencia de polaridades culturales.
No es casual, en este sentido, hacer alusión a la verticalidad de las piezas, al sentido ascendente que parece ordenar su estructura pero que, al contrario de la metáfora babélica a la que parcialmente aluden, no garantizan una culminación exitosa. Más bien se reiteran en la condición transitiva de la experiencia, en la vindicación de la deriva. Pues son atalayas coronadas nuevamente por la negación y la contradicción. Rematadas por estancias cerradas, inaccesibles, las esculturas de Jacinto Lara funcionan como mecanismos fluidos que describen un entorno paradójico; construcciones inciertas descritas desde el otro lado.
Oscar Fernández López
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CULTURA el Día de Córdoba. EL silencio del otro lado
CULTURA el Día de Córdoba. EL silencio del otro lado
25/3/2003. Arte por Jesús Alcaide
EL silencio del otro lado
EL OTRO LADO
Jacinto Lara.
Sobre la ocultación, el silencio, lo invisible ha estado trabajando Jacinto Lara (Fernán Núñez, Córdoba, 1953) desde hace casi dos décadas. Invocando a sus mitos y fantasmas, desvelándonos sus querencias artísticas de ascendencia geométrica, inquiriéndonos a preguntas con un trabajo que en esta última etapa está adquiriendo altas dosis reflexivas, las últimas obras de Jacinto Lara al igual que los haikus que los incitaron condensan en la mínima expresión el mayor número de silencios. Cuando los bombardeos cesan dicen que en Bagdad el silencio es aterrador. Podemos gritar, pero como en el cuento de Mishima, cuando las bombas dejen de caer "apenas quedará un ruido, más bien un silencio ensordecedor".
El otro lado es el título escogido por Jacinto Lara para presentar su última exposición en la galería sevillana Cavecanem. El otro lado, el reverso, lo que está aparentemente oculto en el cuadro, el espacio de Alicia, lo que los Koans, estructuras paradójicas de la enseñanza zen, nos incitan a buscar, y que quizás ya hemos encontrado. El silencio.
Continuación lógica de las pinturas y esculturas que hace un año presentara en la Galería Carmen del Campo, en los haikus de Jacinto Lara se siguen concitando las batallas de la geometría con la pulsión gestual de la figura, una geometría que ya no es fría y cortante, a pesar de los vidrios y el plomo, como lo fueron muchas de las vanguardias, sino tibiamente aterciopelada. En sus pinturas, Jacinto continúa como diría el zen, en el camino.
Pero como ya ocurriera en la pasada exposición en nuestra ciudad, es su vertiente más espacial o escultórica, que no es más que un desbordamiento de la ilusoriedad tridimensional del cuadro hacia ese "otro lado" nunca nombrado, la que más elogios recibe por concitar en unas estructuras de hierro, plomo, vidrio, y en algunos casos fuego y agua, aquello a lo que nos remite el tercer principio zen del budismo, el del Shibumi. Solapamientos y transparencias, ocultaciones y en esos tres inmensos Koans batallones de preguntas inquiriendo al espectador e invitándole, como en la canción de Family de semejante título que la exposición, a "cerrar bien su pequeño mundo". Pequeños mundos, fronteras invisibles, paisajes sentimentales. Procura viajar al otro lado.
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Revista LAPIZ Nº 194, junio 2003. JACINTO LARA (GALERIA CAVECANEM, SEVILLA)
Revista LAPIZ Nº 194, junio 2003. JACINTO LARA (GALERIA CAVECANEM, SEVILLA)
Ángel L. Pérez Villén
Hay personas a las que les resulta difícil disociar la cualidad artística del conjunto de sus singularidades como individuo, hay artistas que entienden su vocación como un oficio, hay creadores que juegan a ser artistas y hay artistas que crean permanentemente, cuando trabajan, conversan, se cuestionan, pasean, hacen el amor e incluso duermen. Para estos últimos –y muchas veces a su pesar- el compromiso del arte va más allá de su voluntad y se convierte en una suerte de sacerdocio que se ejerce aún cuando se rompen los votos. De formación autodidacta, Jacinto Lara, que pertenece a este tipo de artistas, forma parte de la generación de artistas andaluces que se da a conocer en los años 80. Aunque su trayectoria se inicia en la década anterior, es a partir de aquellos años cuando su trabajo comienza a adquirir carta de naturaleza, a experimentar con materiales y soportes, a tantear disciplinas diversas –pintura, escultura, grabado, dibujo, diseño, escenografía- y a madurar en la sucesión de las distintas series que jalonan su currículo: Saltos, Depredadores, El ring, Ícaro, Mitos y fantasmas, De la desaparición de los héroes y Del vacío a la nada.
Desde los primeros trabajos hay un vector fundamental en la obra de Lara. La tendencia a orillar el borde, a rebasar los límites y traspasar la membrana que separa lo distinto para integrarlo como propio. Esta propensión a definirse por sedimento y contraste, que acompaña buena parte de su producción, es la causante de los sesgos y solapamientos que operan en su metodología disciplinar así como la estrella que marca el rumbo de sus amores confesados, la pauta que se desdice en cada nueva experiencia. Lo decisivo consiste en resistir, la importancia radica en la constancia, el secreto está en permanecer alerta y arrimarse, saltar sin miedo y sin red, librar el combate diario sin renunciar a la utopía, también sentirse mercenario para recuperar la valentía con la que enfrentarse a uno mismo sin la máscara protectora de la cultura, desoír los cantos de sirena y proclamar la orfandad como terapia. A todo este proceso se adhiere, como no podía ser de otra manera en su caso, el perfil que describe la sintonía de sus vivencias, la búsqueda de lo singular de cada civilización y los puntos de sutura que hilvanan la herida causada a la naturaleza por la cultura.
Sin renunciar a significar –no se trata sólo de hacer explícitas las coincidencias y pleitesías entre la fenomenología y la mitología, la ciencia y la religión, el empirismo y la intuición, sino también de iluminar la valencia del residuo, de focalizar la importancia del pliegue, de resaltar la necesidad de la fisura– la obra de Jacinto Lara describe un proceso de abstracción que le permite desembarazarse tanto de la anécdota narrativa como de la arrogancia plástica. Prefiere la austeridad formal y la contención expresiva que la celebración del exceso; sin embargo su obra aún siente predilección por el sincretismo de orillar culturas tan dispares como la africana y la japonesa, la europea y la mesoamericana, por mestizar en un mismo crisol los ingredientes del mundo occidental y oriental, por solapar vivencias y creencias. Esto es especialmente palpable en su pintura, donde se dan cita sin previo aviso la abstracción geométrica, la iconografía simbólica de las culturas citadas, la pintura de campos de color, la sintaxis alegórica y la articulación del discurso mediante la secuencia fragmentaria de la serie. Las reunidas en esta última entrega de su trabajo bajo el título El otro lado incrementan la ascendencia geométrica al representar figuras imposibles que tomaran cuerpo en las esculturas.
Estas se pueden agrupar en torno a dos bloques: uno que culmina el proceso de abstracción emprendido en series precedentes y otro que se caracteriza por abrir una nueva vía en la recepción de su obra. Respecto a este último –denominado Haiku- hay que destacar la monumentalidad inherente a las piezas por más que éstas no rebasen el formato medio, así como el sincretismo que las nimba, ya que en ella residen la sutileza del imaginario poético oriental, la memoria culta de la tradición mediterránea, la celebración del tótem como habitáculo del iniciado y la comunión de los materiales empleados : plomo, vidrio, pigmento, agua, fuego, aceite... La serie Koan transita en otra dirección, que es la que acontece en buena parte de su obra anterior, además abandona la localización de suelo para encaramarse en la pared como si de una pintura se tratase, mejor dicho, como un dibujo conciso que diseña el perfil de una figura imposible que nos brinda el acceso a ese otro lado (virtual) que reside tras las apariencias de la realidad.
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ABC. AGENDA CULTURAL ARTE 7. 5/5/2003
ABC. AGENDA CULTURAL ARTE 7. 5/5/2003
“Cuando creo una obra trato de engañarte siempre”
Jacinto Lara reúne escultura y pintura en la muestra “El otro lado”, en la Galería CavecanemLAURA FAJARDO
SEVILLA.«Todos hablamos de él, pero en realidad nadie sabe con certeza en qué consiste» afirma Jacinto Lara acerca de «El otro lado», la perspectiva oculta que asume tener todo individuo, a pesar de desconocer en concreto cuál es su dimensión o qué elementos la conforman. El artista cordobés ha escogido este título para dar nombre a la exposición de sus obras, que acoge la Galería Cavecanem (C/ San José, 10) hasta el próximo día 24 de mayo. Una muestra en la que Jacinto Lara presenta un total de quince piezas, cinco acrílicos y diez esculturas, y en las cuáles el artista desafía a los mecanismos de la percepción creando la ilusión en el espectador de encontrarse ante una obra que espera entrar en diálogo con su sensibilidad de una forma íntima.
Enfrascado en el trabajo dentro del estudio, el creador tiene la capacidad para formular un mensaje artístico y la templanza suficiente como para atender e incluso someterse a la voluntad de la obra emergente. En ese diálogo que se establece entre ambos, cada parte asume el compromiso de hacer congeniar los intereses de sendos lados, un proceso que se desarrolla en el modo que explica el propio Jacinto Lara. «La idea surge de una forma muy clara y empiezo a trabajar con ella partiendo del boceto. Lo que ocurre es que ese planteamiento inicial pronto va cambiando y me va pidiendo cómo tengo que plasmarlo, si tengo que trasladar esa idea a un cuadro o realizar una escultura. Cuando creo, trato de engañarte siempre, en la medida en la que consigo superar los límites que impone el espacio o la percepción».
En el tránsito hacia lo público que experimenta la obra al salir del estudio entran en juego otros condicionantes que terminan por definir el carácter de la creación como pieza acabada. A partir de ese momento el artista se desembaraza inevitablemente de ella y le concede la libertad plena, según asegura Jacinto Lara. «Para mí exponer y vender mi obra son, actos que están totalmente desligados del proceso que me interesa, el de crear, pero entiendo que es necesario sacarla del estudio para poder compartirla con alguien. Una vez fuera, un cuadro o una escultura no responden a ninguna explicación».
En «El otro lado» al igual que en cada exposición que realiza, Jacinto Lara se implica y se compromete con ofrecer al público una experiencia estética cuidada al detalle. Un profundo interés por compartir unas creaciones que, al ver la luz, han dejado de pertenecerle en exclusividad, y que cobran una nueva dimensión. «Soy muy critico conmigo mismo cuando expongo, porque montar una exposición no consiste únicamente en colgar un conjunto de obras. Trabajo con series, y éstas no están concebidas sólo para poner una pieza al lado de la otra, por ello el espacio es fundamental, porque entra a formar parte de la exposición. Todo lo que muestro, de la forma en que lo hago, o el sentido de la ocultación que a veces empleo, me sirven para desarrollar el juego con la persona que entra a mirar».
Otras series
Serie 7. Espacio H-104
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Serie 7. Espacio H-104. Instalación realizada en la Sala H-104. Galería CAVECANEM (Sevilla). Módulo -A -
Serie 7. Espacio H-104. Instalación realizada en la Sala H-104. Galería CAVECANEM (Sevilla). Módulo -B -
Serie 7. Espacio H-104. Instalación realizada en la Sala H-104. Galería CAVECANEM (Sevilla). Módulo -C
Otras series
Serie 6. Del vacío a la nada
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Serie 6. Inconformista 106x75 cm. Resina acrílica y pigmentos. Díptico, 1999. -
Serie 6. Totem 106x75 cm. Resina acrílica y pigmentos. Díptico, 1999. -
Serie 6. Hombre 106x75 cm. Resina acrílica y pigmentos. Díptico, 1999. -
Serie 6. El estanque 106x75 cm. Resina acrílica y pigmentos. Díptico, 1999. -
Serie 6. Hablante 106x75 cm. Resina acrílica y pigmentos. Díptico, 1999. -
Serie 6. Petición 106x75 cm. Resina acrílica y pigmentos. Díptico, 1999.
Escritos sobre la serie
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NADA Y VACIO
NADA Y VACIO
De la nostalgia del Occidente y de otros alumbramientos no menos verdaderos.
Hashim Ibraim Cabrera
Diciembre, 1999.El texto bien podría comenzar con el encuentro, veinte años atrás, en un espacio que la necesidad interior de Jacinto Lara había consagrado a Marcel Duchamp ya los surrealistas. La materia de los sueños estaba allí desperdigada y era, lo recuerdo muy bien, más visible que los cientos de objetos que tapizaban sus muros.
Éramos entonces, sin demasiada conciencia de ello, sujetos activos de la crisis final del antiguo espíritu ilustrado y andábamos a la caza de referencias. En aquel naufragio feliz de la contracultura buscábamos otras visiones del mundo porque para vivir -y aún para pensar- las descripciones con que contábamos nos resultaban insuficientes e inadecuadas.
En aquel momento transicional pude contemplar la lucha denodada que Jacinto mantenía con el Tiempo. Había en él, lo recuerdo muy bien, un sentimiento de escepticismo hacia aquello que la razón ilustrada nos estaba legando, y una necesidad de ampliar los límites de la conciencia que encontraba entonces su medio de expresión en los postulados de un Baudelaire o de un André Bretón, sostenidos por un modo de hacer que, me decía, había aprendido en Venecia, en el taller de Andrea Rivellino, quien lo inició en los misterios del tenebrismo y le reveló algunas de las técnicas secretas del Caravaggio: un inevitable crepúsculo se adivinaba siempre en el horizonte de las figuras, una suerte de trompe l’òeil del medio, del fondo, que era entonces paisaje crepuscular.
Las obras de aquel tiempo surgían en una ciudad meridional, en una Córdoba provinciana que había solventado su compromiso con las vanguardias en un único, antiguo y admitido episodio -la adscripción, más o menos velada, de Julio Romero de Torres al movimiento simbolista- que serviría de pretexto 'estético', desde entonces y hasta ahora, a los rancios coleccionistas y decididores locales para mantener en la sombra a aquellos intelectuales y artistas que osaban proponer los últimos relatos de una Modernidad que afloró en las décadas finales del siglo, quizás muy tarde, en el momento en que se decretaba su disolución. No imaginábamos entonces que el final de una edad iba a servir de excusa para decretar también el fin de la Historia.
Yo sentí que las voladuras de aquellos cuadros incomunirealistas trataban de apuntalar conscientemente la última imagen de las Luces, el epílogo de su discurso plástico y gnoseológico en un tiempo y lugar ya no tan alejados de la metrópoli, reivindicando incluso la figura como soporte sintáctico, tal vez como síntoma de un temor secreto a la deshumanización de la vida cotidiana, a la desacralización y a la pérdida de sentido que implica todo cambio que no nos acerca sino que, por el contrario, nos aleja más y más a unos de otros.
Los proyectos, las asociaciones de artistas, la lucha conceptual e ideológica, las exposiciones, los talleres... el compromiso social, años de intenso trabajo por el reconocimiento de los nuevos lenguajes, de las 'otras actitudes' en definitiva, por el reconocimiento de la diversidad, lucha sostenida frecuentemente por los cultivadores de la creación. las conversaciones con Santiago Bravo sobre la ética de la creación y la visión contemporánea. La sensación de que los tiempos estaban cambiando demasiado deprisa.
Pero en aquéllas duras batallas que parecían librarse contra el tiempo, contra las ideas hechas y los estereotipos, contra todo manierismo, se iban afinando la percepción y aguzándose las armas dialécticas. Un cierto radicalismo en lo externo, viviendo sólo aquellas nuevas situaciones que no implicaban una pérdida de la sensibilidad, de la capacidad emotiva e incluso del sentido. Una visión que, poco después, acabaría siendo bastante minoritaria.
Los tiempos dieron lo que tenían que dar, lo único que pudieron dar. Había que estar dispuesto a atravesar aquel desierto, pero la única forma de conseguirlo estaba en darse cuenta de que existía realmente la posibilidad de encontrar un oasis en medio de las desoladas arenas de los ochenta.
La secuencia que iba desde un sentimiento de despropósito existencial hasta el viaje consciente por una realidad plena de significado se produjo luego como transición entre imagen y forma, como vivencia simbólica renacida entre las cenizas de las viejas alegorías, cuando todo intento de proponer una solución o de mantener un relato estaba siendo abolido. El abrazo del reconocimiento entre autor y obra se articulaba tratando de proyectar alguna luz sobre las conciencias que no querían renunciar a su humanidad, al sentido de humanidad que aún se tenía por verdadero.
Tras el asco de Sartre llegaron la desesperación y los suicidios de los últimos ilustrados franceses, Michel Foucault y Louis Althusser. Sus muertes escenificaban un claro sentimiento de fracaso racionalista, al menos de aquel racionalismo que se había constituido negando -en el mejor de los casos se limitó a ignorar- otras facetas no menos humanas de la conciencia. La rendición ante la razón pragmática estaba teniendo como consecuencia otra claudicación, si cabe más preocupante, ante la tecnología y su inevitable intromisión en el terreno del pensamiento. La razón tecnológica estaba sumiendo a muchos intelectuales en una profunda precariedad, abandonados a una especulación que no encontraba su legitimidad ni su sentido, reducido su discurso al de los sofistas -quizás de ahí partiera la admiración de Jacinto por Balthus-, mientras las obras de ingeniería mental especulativa se dispersaban como el humo de un fumador terminal entre balbuceos cibernéticos.
Era, también hay que decirlo, una ciudad que comenzaba a despertar del sueño de su historia, y que ahora se daba cuenta de que había participado de esas vanguardias que ahora parecían remitir. El trabajo de los artistas del Equipo 57 había creado la referencia y el precedente veinte años atrás. El listón estuvo entonces muy alto. (Cuarenta años después, Ibarrola regresaría a Córdoba con su instalación del bosque de traviesas totémicas y ferroviarias). Pepe Morales y Paco Aguilera Amate pintaban y polemizaban entonces y nos enseñaban sus obras sorprendentes.
Más tarde aparecieron los padres del pensamiento postmoderno denunciando y aclarándonos la situación- el relato de las luces, con sus héroes del saber que laboraban en pos de la paz universal, había naufragado en el océano de la información. El criterio se había perdido irremisiblemente en las aguas telemáticas del nuevo paradigma, reducida su cualidad básica a la performatividad, a la eficacia. "El conocimiento -nos lo dijo Lyotard- es y será producido para ser vendido, y es y será consumido para ser valorado en una nueva producción-. en ambos casos para ser cambiado." En ese tiempo, ya bastante avanzada la década, el espíritu revisionista se había adueñado de las conciencias, y las obras del antiguo taller exploraban ahora las insignes pinceladas de los precursores. Recuerdo bien a Jacinto investigando incansablemente a Monet, Morandi, a Vermeer... consciente a la vez de su vigencia y de su obsolescencia, viviendo sus obras como alguien que las sabe destinadas a la desaparición y al sinsentido pero con una lúcida y sincera nostalgia de la historia del arte.
Hubo en ese tiempo un cambio hacia la trascendencia, una sincera búsqueda de la luz, que aparecía entre las pinceladas impresionistas, en el fondo crudo de las telas, un vacío que estaba haciendo posible la iluminación del espacio pictórico que surgiría más tarde con toda su rotundidad y sin concesiones.
Tal vez por ello, cuando el pensamiento único que sólo admite su propio discurso y ahí es donde residen su arrogancia y probablemente su debilidad comenzó a revelarnos sus intenciones totalitarias, su etnocentrismo cultural y moral, Jacinto Lara volvió su mirada hacia otras tradiciones, hacia otras visiones del mundo, deseoso de encontrar una respuesta sugerente y no un mero inventario de los despropósitos de una cultura que sólo podía articular la solución del suicidio. Y quizás también habría que buscar ahí la razón de su meditación sobre Rothko, víctima epigonal del compromiso con una cultura que, en un sentido tal vez maximalista pero no menos cierto, desaparecía en aquellos momentos.
También entonces me contaba Jacinto sus alegrías, en los encuentros con Paco Giner de los Ríos y con su legado de la Institución Libre de Enseñanza, casi en la saga contemporánea de Federico García Lorca, en Nerja, lo recuerdo muy bien. Hermanos aquellos del exilio que lo fueron del pintor montoreño Antonio Rodríguez Luna, en quien muchos descubrimos una obra de profunda calidad plástica, moderna en el sentido menos sospechoso del término, que cruzaba el océano buscando los paisajes y luces que inspiraron al artista en su infancia y en su juventud. Creo que aquel momento nos influyó a todos especialmente, de manera muy positiva. Aquella fue una referencia importante.
Así, junto a la nostalgia de las Luces -Velázquez, Escher, otra vez Vermeer, Morandi, Rothko- comenzaron a aparecer símbolos verdaderos, encontrados en la periferia de la metrópoli, entre aquellos pueblos que viven hoy amenazados por ese pensamiento que tritura sus relatos en el molino de las utopías telemáticas para obtener la harina blanca y homogénea que tanto aprecian los mercados, aunque éstos sean ahora los de la información y las ideas. Para nada importa que los seres humanos sufran tormentos morales o sociales, porque su sacrificio está haciendo posible la tecnología que salvará del dolor y de la esclavitud a los supervivientes. Se toleran las distintas cosmogonías en el museo telemático de McLuhan pero no la verdadera disidencia, la que propone otros modelos de sociedad, otros presupuestos existenciales.
Pero en esa neutralización de las narraciones, algunos no pudimos dejar de ver el viejo relato que siempre se fundamentó en la abolición de aquéllas, un relato claramente interesado en mantener activa una supermaquinaria social llamada mercado. Hasta qué punto íbamos a ser capaces de conciliar nuestra necesidad de sentido existencial con los requerimientos de las nuevas prácticas y los nuevos lenguajes era una de las cuestiones que más nos preocupaban.
En esta transición Jacinto se encuentra con otras culturas que conservan –viva aún, aunque en un estado de deterioro progresivo- su memoria imaginal, la imaginación creadora, el sentido del diálogo y de la vida sentimental, sus libros y ocupaciones cotidianas. Trabajando culturalmente 'allen mar', en Nicaragua, con esas comunidades que hoy escenifican trágicamente su rendición y su necesidad de reciclaje, y que nos regalan sus tesoros arqueológicos, sus mitos y símbolos fundamentales Jacinto renuncia a su propia visión, escucha atenta y humildemente al otro, y ahí comienza a manifestarse el sentido. En la profunda depresión socavada por el desenlace de los últimos ilustrados germinaban ahora otras semillas que venían de tierras ignotas y lejanas, otras prácticas e ideas. La contracultura nos abrió los ojos a ciertas visiones que hasta ese momento habían sido coto casi exclusivo de orientalistas y estrategas, quienes las habían mantenido ocultas bajo los tópicos y las definiciones interesadas, por razones "de estado" normalmente.
La serie "De la desaparición de los Héroes" prefigura de manera ejemplar esa conciencia de la que, hablo. Los mitos fundacionales del imaginario europeo - Orfeo, Desdémona, Ícaro... - aparecen decodificados y reducidos a su nombre o a su imagen. Tal vez en esa serie exista una voluntad de decirnos que, en resumidas cuentas, aquellos héroes que mantuvieron durante siglos una función gnoseológica, hoy sólo son un nombre o una imagen descontextualizados, reducidos a ocupar su lugar inamovible en los archivos del software global. En ese sentido, Jacinto se sirvió del mito, en este caso el de Ícaro, para manifestar el desenlace fatal del ser humano en su empeño por alcanzar la Luz y obtener el conocimiento. El diálogo con Juan Zafra, amigo y escultor de metales aéreos, fructificaba en la expansión de sus conciencias (resulta por lo menos extraño usar el plural), en el tránsito hacia la comprensión de la vida contemporánea, la única real y posible.
El fin de la historia se proclamó oficialmente desde las universidades norteamericanas. El edicto es redactado por Fukuyama cuando comenzamos a darnos cuenta de que el problema medioambiental y la reducción de la biodiversidad son sólo una consecuencia -y no la más peligrosa- de la estrategia globalizadora. La disolución de las culturas en las prácticas del mercado global y su progresiva adaptación al protocolo de las nuevas tecnologías alcanza, al decir de algunos, una situación de irreversibilidad mucho más peligrosa aún que la destrucción de los ecosistemas.
El pensamiento único es arrogante y totalitario. La paz que propone sólo alcanza a quienes se rinden a su algoritmo-. Vida versus Mercado. Para ello la cultura ha de ser reducida al ocio, al entretenimiento, a la terapia ocupacional. Sólo es cuestión de tiempo.
Esa situación de rendición de la cultura vino precedida de un proceso desacralizador que tenía -y tiene aún, porque son procesos que se solapan en el tiempo- por objeto preparar a los individuos para ser instruidos en la nueva liturgia de los media, para ser marcados con el hierro ecualizador de la renovada ideología 'neoclásica'.
Una de las herramientas más poderosas que casi siempre maneja la ideología única es sin duda la descontextualización de prácticas e imágenes. En el vasto redil de las autopistas de la información todo tiene cabida tras sufrir unas simples operaciones de conversión de formato. Podemos acceder a la memoria profunda de los pueblos si cumplimos estrictamente las indicaciones del protocolo, pero las enriquecedoras diferencias que han sobrevivido hasta ahora pierden casi todos sus rasgos genuinos al aparecer ante nosotros como imágenes digitalizadas listas para su tratamiento y manipulación, dispuestas a su recicla e ad infinitum.
Y en ese momento del proceso nos encontramos con una idea central que es ahora una transmutación del sentir, un verdadero compromiso con lo vivido y con lo pensado.
Nada y Vacío no son sinónimos sino términos que indican estados diferentes que corresponden a visiones que poco tienen en común.
Nada es un término negativo, un adverbio cuantitativo que indica una carencia o negación taxativa de algo: "No hay nada", "nada mas". Siempre presupone un objeto que no está o que no existe. Por el contrario, las consideraciones de Rothko sobre la muerte se muestran como una rendición al vacío, al interior imaginal que vive en la pintura, en el cuadro. Jacinto soñó a Rothko en aquel espacio cualitativo, desocupado y vacío que nos presenta -ya no como espectadores, como seres que nos enfrentamos a un objeto o a una visión- un espacio y tal vez un tiempo, un incesante transcurrir hecho de estados.
Verdadera paradoja la de ese vacío que, tras aniquilar nuestra razón, casi siempre nos invita a ocuparlo, que nos sugiere posibilidades y nos permite abrir los recios, por invisibles, barrotes de una cárcel cultural que nos mantiene tranquilos mediante sus prácticas y definiciones pero que trata de impedirnos también -con sus afirmaciones implícitas rara vez reconocidas- la creatividad, la hermandad y la trascendencia. Ese vacío nos ayuda a comprender a nuestra propia razón, vista desde la distancia de la pura conciencia, y nos revela también que el nuevo -o viejo- pensamiento totalitario necesita prescindir no sólo de los héroes sino también de los valores que éstos encarnaron.
La meditación coincide entonces con el diálogo que el artista mantiene con su sí mismo, en el cuadro, en un tiempo que ya no es de nadie ni puede ser medido y ni tan siquiera vivido. Un océano recorrido de sensaciones todavía inunda al pintor que nada ya sin ansiedad ninguna, con la memoria clara, con ese silencio que necesita para practicar el recuerdo, para encontrarse como forma pura -maleda necesaria e inevitable- o como el color que aún utiliza para decir lo que quiere decir, las pinceladas en los espacios, desde la profundidad, trabajando bien el fondo, siempre animado y sonoro.
No pienso yo que hayan desaparecido todos los héroes. Al contrario, cuando nos hemos dado cuenta de la mentira y verdad que se esconden en la trastienda de toda mitología, la vida cotidiana adquiere profundidad y sentido. Ya no tiene el buscador miedo a las grandes palabras ni a las ideas que viven en ellas. Nada y Vacío, como Ser y No Ser, aún sólo como meras palabras, se escriben y se pronuncian todavía. Hay aún tiempo y lugar para trascender a ese yo que nos separa de los otros, Tiempo para la comunicación, espacio para la visión compartida. No podría ser de otra manera si tenemos en cuenta que el combate librado lo ha sido contra el manierismo, contra la estética en su sentido más convencional y, sobre todo, contra la mentira que tan fácilmente se cuela en el discurso del Arte.
Si, por un lado, la rebelión contra las máquinas no puede constituir hoy una premisa ideológica defendible porque aquéllas hace ya tiempo que forman parte de nuestra vida cotidiana e incluso de nuestra fisiología -El buen salvaje rousseauniano está bien enterrado en el imaginario- por otro, la pérdida de aquello que sentimos como cultura nos hace navegar en las aguas desconocidas de un nuevo paradigma.
Otras series
Serie 5. De la desaparición de los héroes
Escritos sobre la serie
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DE LA DESAPARICIÓN DE LOS HÉROES
DE LA DESAPARICIÓN DE LOS HÉROES
La exposición "De la desaparición de los héroes" de los creadores cordobeses Jacinto Lara y Juan Zafra recrea plásticamente la defunción de los mitos y los héroes en nuestro tiempo. La crisis de la cultura y de la Modernidad es denunciada por estos artistas como el gran mausoleo de los héroes clásicos y de la mitología.
A través de lienzos, esculturas, dibujos y grabados, Jacinto Lara y Juan Zafra describen la mitofagia del siglo que ahora termina, así como la visión fragmentaria, interesada y fugaz de los nuevos héroes de nuestro tiempo. Los autores denuncian la multiplicidad de mitos que nos presentan los medios electrónicos de comunicación y la nueva sociedad global de la información, así como la imposibilidad de crear referentes y una nueva mitología que explique la naturaleza y el mundo que nos rodea.
La exposición nos invita a reflexionar sobre los nuevos y viejos héroes y evidencia la crisis actual de la plástica y de la filosofía, así como la ausencia de liderazgos en las puertas del próximo milenio. La belleza de las piezas "De la desaparición de los héroes" es una alegoría rotunda sobre el pasado y el presente, que presenta un futuro esperanzador en medio de una vorágine de imágenes desmembrada y superflua. -
Culturas. Semanario La Calle de Córdoba
Culturas. Semanario La Calle de Córdoba
Victoria Muñoz.
Héroes griegos en la Diputación
Bajo el nombre “De la desaparición de los héroes”,
Jacinto Lara y Juan Zafra proponen en la exposición
que acogerá el Palacio de la Merced
el próximo 14 de abril un interesante recorrido
por la mitología clásica griega.
Desde el próximo 14 de abril hasta el 9 de mayo, la Diputación acogerá la peculiar visión de dos artistas, Jacinto Lara y Juan Zafra, sobre la mitología clásica griega en una ambiciosa exposición que recorre la vida y milagros de siete héroes: Perseo, Prometeo, Herakles, Teseo, Orfeo, Ícaro y, Antígona.
Ausencia de héroes
Bajo el título La desaparición de los Héroes, la exposición está compuesta por más de 300 obras donde se mezclan esculturas realizadas en hierro, barro y bronce, con pinturas, grabados, dibujos e instalaciones, que acompañadas por un libro-catálogo editado por la Diputación y realizado por Juan Zafra (autor de las esculturas y artífice de la exposición) a través de citas, poemas y monólogos escritos por él mismo, se plantea la cuestión del, mito hasta llegar a nuestros días. "En la actualidad -comenta Juan Zafra- parece que hemos desterrado ciertos valores que en un momento determinado podían personificar el héroe y nos encontramos ahora mismo sin saber por dónde tirar. Los héroes ahora han desaparecido".
Este proyecto comenzó a fraguarse hace ya siete años, cuando el escultor y profesor Juan Zafra, un enamorado de la mitología clásica, le propuso a su compañero Jacinto Lara (pintor), la realización de toda esta ambiciosa y complicada obra. "Llevamos trabajando juntos hace 20 años -comenta Jacinto- somos como un matrimonio. La idea ya la tenía Juan porque, él había trabajado mucho con este asunto, incluso había hecho una exposición antes relacionada con el tema".
La magia del siete
Esta muestra, que comienza en el Patio del Reloj de la Diputación, se abre con las siete manos, de unos 40 centímetros cada una, acompañadas de siete cabezas (las sietes cabezas de los héroes) y 49 eídolas, que viene a significar "la representación griega del alma humana", según asegura Jacinto. "Es un poco complicada -continúa- pero hemos tratado a través del estudio de estos siete héroes describirlos á cada uno por medio de una interpretación individual de los mismos y creativa".
Siete mitos que obedecen a una significación. Como asegura Juan, “el número siete es un número mágico. Estos héroes no están elegidos al azar, están totalmente controlados y metidos dentro de lo que pueden ser una genealogía porque uno se corresponde con otro. El último, una mujer, no es tal héroe, está cogida para trasponerla en el tiempo, porque la idea es traer al héroe al tiempo actual".
Una exposición didáctica
La Sala de Exposiciones, el Patio Barroco, el Patio Blanco o los jardines del exterior de la fachada de la sede de la Diputación, donde se colocarán siete grandes esculturas realizadas por Juan Zafra de más de tres metros, son los lugares donde estarán ubicadas todas las piezas a lo largo de este mes en esta muestra para la que la Delegación Provincial de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía ha realizado una unidad didáctica para todos aquellos alumnos que quieran conocer un poco más a estos personajes de antaño. "Esta unidad contendrá una serie de reflexiones sobre la exposición y unas preguntas para que ellos al mismo tiempo vayan conociendo a estos personajes".
El fin
Lo más sobresaliente de la muestra es la exhibición en el Patio Blanco de la Diputación de una instalación que se divide en tres planos: el heróico, compuesto por siete tumbas en el suelo con los nombres de cada uno de los héroes desde las que se levantan, como asegura Juan, una especie de "hierro que termina con el rostro de personas actuales". Rostros de amigos que han prestando su cara y que estarán rodeados por un total de 49 esculturas que vienen a representar la humanidad; el segundo plano. Frente a ellos, y finalizando la instalación se sitúan unas cajas realizadas por Jacinto, que representan a unos féretros con una abertura que vendrían a representar "los restos de los héroes".



























































